¿Sabías que el abuelo de tu perro era un lobo?

Los homo sapiens empezamos a domesticar a los lobos hace cerca de 15.000 años. Desde entonces, hemos domesticado muchos otros seres vivos, pero con ninguno de ellos hemos conseguido un vínculo como con los perros. Los sapiens les dábamos los restos de comida y los lobos nos avisaban cuando se acercaba peligro.

El primer animal que los humanos domesticamos fue el lobo gris. Se desconoce con exactitud cuándo comenzó esta difícil tarea pero existen pruebas irrefutables de que, al menos, hace 15.000 años. En aquella época, antes de la Revolución Agrícola, los homo sapiens -nuestros antepasados- eran nómadas y utilizaban los lobos para cazar y como sistema de alarma frente a otros depredadores o intrusos.

Tal y como explica Yuval Noah Harari en su libro Homo Sapiens, Una breve historia de la humanidad (Ediciones 62, 2014), «los perros que estaban más atentos a las necesidades y los sentimientos de sus compañeros humanos obtenían más comida y mejor trato, por lo que era más probable que sobrevivieran. Al mismo tiempo, los perros aprendieron a manipular a las personas a favor de sus propias necesidades. El vínculo de 15.000 años entre los humanos y los perros ha forjado un entendimiento y un efecto más profundos que los que pueda haber entre los humanos y cualquier otro animal. En algunos casos, los perros muertos incluso se enterraban ceremoniosamente, como si fueran humanos».

Esto es justamente lo que se encontraron los arqueólogos que abrieron una tumba de más de 12.000 años encontrada en el norte de Israel. Dentro había una mujer enterrada junto a un cachorro. Se trata del primer animal domesticado documentado por la historia.

 

¿Pero como fue el primer acercamiento entre el hombre y el lobo?

La reedición que el Natural Geographic hizo de la gran serie documental Cosmos de Carl Sagan explica con detalle por qué se produjo el primer encuentro entre el homo sapiens y el lobo. Según el documental, «debido a unas variaciones naturales, algunos lobos tenían más bajos los niveles de hormonas de estrés», que son las que provocan el miedo, es decir, las que tenían que advertir a cualquier animales que era mejor no acercarse al homo sapiens. Estos ejemplares, gracias a que tenían menos miedo, descubrieron «una excelente estrategia de supervivencia: la domesticación de los humanos». El pacto era claro: los lobos dejaban que fueran los homo sapiens los que cazaran, sin amenazarlos y, a cambio, los homo sapiens les dejaban buscar entre los restos de comida. Nuestros antepasados eran unos grandes cazadores, por lo que los lobos que empezaban a convertirse en perros siempre tenían su plato en la mesa. Los lobos más feroces, que decidieron no acercarse al homo sapiens, tenían más dificultades para sobrevivir, mientras que los más dóciles «comían con más regularidad, dejaban una mayor descendencia y sus crías heredaban su disposición».

Desde entonces, desde hace 15.000 años, la apariencia de los perros ha ido evolucionando siguiendo la misma lógica: «un aspecto adorable se convirtió en una ventaja selectiva. Cuanto más adorable eran, más posibilidades tenían de sobrevivir», explica el documental.

Por imposible que pueda parecer, todos los perros tienen un antepasado que fue un lobo gris, del mismo modo que todos los humanos tenemos una abuela que fue un chimpancé. La única respuesta que no queda muy clara es ¿quién domesticó a quién?

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