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Caminando con el corazón

Artículo de Sílvia Esteve Fontana
«Me pregunto qué es la libertad. ¿Será que no sabemos qué hacer cuando nos dicen que hagamos los que nos dé la gana?» Jiro Taniguchi, Furari

 

Jiro Taniguchi, el gran poeta del manga, nos ha dejado a sus 69 años. Si hace pocos días os hablaba del autor en la reseña de su preciosa obra «La Montaña Mágica», hoy quiero rendir homenaje a Taniguchi con este artículo, que, humildemente, quiere, a través de la obra «Furari», seguir los trazos de los versos de este mangaka.

«Caminar sin rumbo fijo», «de improviso», serían algunas de las traducciones aproximadas de furari, palabra japonesa que da nombre a la obra de Taniguchi. En esta obra se nos transporta al Edo (antiguo nombre de Tokio), de finales del siglo XIX. Este curioso manga nos detiene en el tiempo (no en el movimiento) de la vida de Tadataka Ino (1745~1818), agrimensor, cartógrafo y comerciante que realizó el primer mapa de Tokio. A lo largo de sus más de 200 páginas seguiremos los pasos, las mediciones y meditaciones de este caminante de la vida.

Caminar y contar sus pasos, saber las distancias entre los diferentes puntos de la ciudad: una excusa perfecta para volver a perderse en la belleza de lo cotidiano. Siguiendo a su protagonista, Tadataka, nos iremos deteniendo en el del día a día de la ciudad de Edo. Bajo el sol del verano, pisando la nieve en invierno, viendo caer las hojas en otoño u oliendo los cerezos en primavera, Furari es una obra escrita pero que remite a todos los sentidos. Paso tras paso, encuentro tras encuentro, Taniguchi vuelve a enamorarnos, como hace siempre, con los detalles más sencillos.

Cómo diría John Lenon, «la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes». Mientras Tadataka está ocupado midiendo su ciudad, veremos pasar su vida. La distancia siempre contiene el tiempo y Taniguchi lo sabía muy bien. Teniendo como base esta fórmula filosófico-matemática no podemos sino valorar y apreciar todo lo bueno, aunque lo tildemos de cotidiano, que nos transcurre a lo largo del día.

Caminar y detenerse, observar, agacharse, mirar con los ojos del gato, con los del milano negro, la hormiga. Ponerse en su sitio, y entender. Entender los diferentes puntos de vista de este mundo. Las vidas que hay detrás de cada mirada y de cada forma de mirar. Taniguchi era un gran artista porque era un gran observador de la vida.

Caminar y discurrir, pensar, reflexionar, tener tiempo (como nos decía Montserrat Pérez en su artículo «Siempre a favor de los animales«) no para perder el tiempo, sino para perderse en el tiempo. ¿Qué hora es? ¿Dónde estoy? Se pregunta muchas veces Tadataka volviendo de sus ensimismamientos. Las prisas no nos llevarán a ningún sitio, sólo a llegar más temprano a otro punto. Pero perderemos el sabor del camino.

Caminar y conversar, aprovechar los encuentros que tengamos para compartir y aprender, junto a los que como nosotros caminan, aunque sea hacia otro lugar. Saber cómo es su lugar de origen y hacia dónde se dirigen es todo un regalo. Hoy, que encerramos en campos de refugiados a miles de personas que huyen de la guerra, deberíamos volver a plantearnos todo lo perdido en este viaje a toda velocidad que dice dirigirnos hacia el progreso.

Caminar por la hierba, el barro, las rocas, el agua. Río, mar, montaña, ciudad. Ser habitantes de todos los lugares sin ser dueños de ninguno. Atónitos todavía ante la belleza de los pájaros, de su canto, ante el milagroso vuelo de la libélula y sus colores metálicos.

Por todo ello, gracias Jiro Taniguchi. Gracias por este pequeño encuentro, por esta parada en el camino. Por habernos enseñado a caminar de nuevo, no solo con los pies, sino con el corazón. Latimos paso a paso, siendo conscientes de que todo paseo tiene su fin. Pero si el fin debe llegar, que llegará, qué bonito haber paseado «sin rumbo» juntos.

Dibujar el viento

Artículo de Alberto Martín y Silvia Esteve

Cuando uno abre un libro que es capaz de emocionar de una manera tan sencilla y preciosa como el que hoy nos ocupa no debe dejar de mostrárselo a todos aquellos a quienes conozca, para que puedan tener la oportunidad de tenerlo entre manos, de pasar sus páginas y de escuchar la melodía de las palabras que apuntalan la obra y los dibujos que expanden su significado. Porque si una virtud debemos destacar de este pequeño gran libro es, sin duda, su capacidad de unir en un mismo espacio la huella que dejan sus letras y el trazo que grava el dibujo: dos universos que fluyen creativamente en El silencioso amigo del viento.

Aquellos que han podido compartir su vida con algún animal saben perfectamente que éstos nos hacen más humanos, nos permiten vislumbrar una dimensión diferente de nuestra humanidad. Pero no es menos cierto que, desgraciadamente, también son capaces de hacernos ver la violencia de la que es capaz el ser humano, la crueldad y el desprecio más puro del que podemos ser capaces: y un caso tristemente célebre es el de los galgos. Animales explotados hasta su último aliento, víctimas de una mentalidad capitalista en un ambiente rural, los galgos son repudiados una vez dejan de ser útiles: repudiados, torturados y muertos. Las palabras de Lisi Gutiérrez y los dibujos de Rafael Jaramillo nos hacen testigos de este realidad pesadillesca: una prosa sucinta y un dibujo evocador.

Un cuento ilustrado duro y precioso que hace de su concisión una virtud indiscutible: las frases con las que Lisi Gutiérrez va componiendo la narración del abandono y la adopción del galgo protagonista dejan entrever una prosa creativa, que aúna lo prosaico con lo poético con gran facilidad. Las ilustraciones, por otro lado, saben conjugar perfectamente el duro realismo con imágenes oníricas: hay una imagen impresionante, aquella en la que podemos ver el sueño del galgo, ese sueño que nos estremece por su capacidad de sintetizar, en una panorámica, el horror y la esperanza de estos animales.

 Hay obras que saben conmover a través de las palabras, otras que lo hacen mediante el dibujo: “El silencioso amigo del viento” nos interpela a través de las dos para tratar de mostrar la realidad de estos atormentados animales. Realidad que se repite año tras año, cada febrero, después de la temporada de caza. 

¿Cómo se dibuja el viento? Fijándonos en la fina silueta de su silencioso amigo.

 

Queremos aprovechar este artículo para recordaros que este domingo 5 de febrero se celebrará la manifestación de la Plataforma NAC (No a la Caza) a las 12h en la Plaza Cataluña de Barcelona (mirar punto de encuentro en otras ciudades).

Kharmeg o el SOS de los Tiburones

Artículo de Sílvia Esteve Fontana

 

«…pero este ser humano que sólo ve la Naturaleza como una fuente de recursos, como un instrumento que sirva a sus deseos, puede convertirse en un ser aún más peligroso. Cuando el ser humano descubre que hay fuerzas de la Naturaleza que no puede dominar, animales que no se dejan domesticar, recursos que no puede controlar, cuando la Naturaleza más salvaje se resiste a su poder, e incluso le ataca y le recuerda su fragilidad, el ser humano es capaz de perder todo uso de razón y, olvidado ya de obtener de la Naturaleza beneficios y provechos, lo único que ansía es la destrucción completa de quién se le haya resistido. Pero la Naturaleza no puede ser vencida por la violencia humana, y a cada intento, es el ser humano quién se lleva cicatrices, quién así aumenta su odio, y quién, en una espiral creciente de violencia se acaba perdiendo a sí mismo».
  1. 148-149 «Darwin, Melville y el lugar del ser humano en la Naturaleza» Marta Tafalla, capítulo del libro De animales y hombres, Studia Philisophica, coordinado por Asunción Herrera Guevara; Biblioteca Nueva, Ediciones de la Universidad de Oviedo, 2007, Madrid

«Se estima que cada año mueren entre 60 y 100 millones de tiburones debido al aleteo. Esto consiste en atrapar tiburones, cortar sus aletas y devolverlos mutilados al mar, donde mueren asfixiados, desangrados o devorados por otros peces. La aleta de tiburón es un codiciado producto en el mercado asiático por el que se llegan a pagar hasta 500€ el kilo. Con ella se prepara la ostentosa e insípida sopa de aleta de tiburón. Una costumbre gastronómica extravagante y perversa que los está llevando a la extinción».

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Agus Vera, creador y guionista de Kharmeg, conoció esta realidad gracias a su profesión de marino mercante. Agus, ha viajado, como se suele decir en los grandes relatos, allende los mares, y ha podido ver con sus propios ojos lo que el ser humano ha hecho al mar, a los océanos y a sus habitantes.

Si en otro artículo de Animalados os hablábamos de la aniquilación de las ballenas, para utilizar su aceite y su carne, hoy, tristemente, debemos poner el foco en la aniquilación de los tiburones.

Un genocidio en el mar, otro más, un humano concienciado sobre la necesidad y el deber de salvarlo. ¿Cómo hacerlo? Como diría el gran Whitman, «Que prosigue el poderoso drama, y que puedes contribuir con un verso». En este caso el verso ha devenido en este fantástico cómic que es Kharmeg.

Una idea, un guión, pero faltaba lo más importante: un dibujante. Vera se acercó a Escola Joso (escuela de cómic en Barcelona) en busca de un artista que le ayudara a realizar su proyecto. Así es como se conocieron con Mariano de la Torre, las manos tras el pincel que han dado vida a este tiburón y su universo. Junto a ellos dos, también tenemos a Fran Vázquez como colorista.

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De este admirable trabajo en equipo ha nacido esta historia de amor al mar, de justa venganza para los «malos» que están aniquilando sus especies, y sobre todo de homenaje y admiración por los tiburones. El lobo, la serpiente, el oso, los murciélagos… y una larga lista de magníficos animales han sido vistos durante miles de años como los enemigos del hombre. Si miramos hacia atrás en la historia podremos entender que, cuando el ser humano vivía codo a codo con la Naturaleza, estas especies suponían un enemigo real y seres a los que temer. Los relatos para los más pequeños están llenas de estas reminiscencias obsoletas. En el presente, sin embargo, es el hombre el monstruo, el mayor enemigo, la cruel y despiadada especie que antepone su bienestar y placer a los mínimos derechos del resto del planeta.

Era hora de dar a los tiburones la voz silenciada durante tanto tiempo. Si Steven Spielberg con su film «Jaws» nos hizo pensar en ellos como monstruos marinos, como seres insensibles a los que era mejor dar caza, Kharmeg les devuelve su dignidad y grandeza y nos trae una historia que nos interpela para salvarles.

«Lo importante era llegar a los niños y adolescentes, por eso el cómic está pensado para lectores de entre 10 y 16 años» nos comenta Agus Vera. Padre reciente, como también Mariano, tiene claro que las siguientes generaciones son la clave para poner fin a nuestro abuso del planeta. Con las ideas claras han sabido crear una historia que engancha tanto a niños como a adultos. Nuestra heroína será Elise Gray, quien de adolescente se lanzará al mar para suicidarse, pero su intento se verá truncado al ver un tiburón atrapado en un red de pesca. Ella salvará al escualo y el escualo la devolverá con vida a la orilla. Esta experiencia marcará tanto a Elise, que ya de mayor creará «Save the shark» para luchar contra las mafias chinas del «aleteo». En su lucha, y ayudada por un periodista australiano, se toparán con John Verin y Maxwell Hart, tripulantes del Sealogic, ambos supervivientes de un ataque de piratas. Elise volverá a encontrarse con el tiburón que la salvó, Kharmeg, y todos juntos formarán un magnífico equipo de lucha contra los cazadores y sus mafias.

Con Kharmeg volveremos a surcar los mares y a luchar contra piratas, pero esta vez sin la violencia ni el odio como bandera, sino con la justicia y el amor a la naturaleza como emblemas.

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Un cómic, un pequeño gran cómic, ha conseguido y conseguirá que muchos lectores conozcan la realidad de nuestros mares, de las vidas y muertes de sus animales y plantas. Gracias a él sabrán que los tiburones son «moradores de los océanos desde hace 450 millones de años» y son «fundamentales para el equilibrio del ecosistema marino». Gracias a esta obra podrán conocer la árdua tarea de las asociaciones ecologistas y animalistas, cuyos miembros llegan a dar la vida para impedir que otros acaben con el planeta.

Desde Animalados os recomendamos fervientemente esta preciosa obra, con un dibujo impecable, con una historia trepidante y valiente y, lo mejor de todo, con corazón.

Financiado por mecenas desde la plataforma Verkami, Kharmeg ha estado editado por Aleta y destinará hasta un 10% de lo recaudado en proyectos para salvar a los tiburones. Desde hoy lo podéis encontrar en FNAC, La Casa del Libro, Norma Cómics y otras librerias.

Me despido de este artículo con un deseo navideño: Que el único exterminio que veamos sea el de nuestros miedos y prejuicios, de nuestras absurdas y crueles tradiciones. Abramos las páginas de este cómic y acompañemos a nuevas heroínas y héroes que luchan por el planeta y sus habitantes.

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http://kharmeg.blogspot.com.es