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El pleno del Ayuntamiento de Santander rechaza el cierre del minizoo de La Magdalena

El pleno del Ayuntamiento de Santander ha rechazado la moción de los grupos regionalista, socialista y Unidos por Santander que pedía el cierre de las instalaciones del minizoo del Palacio de La Magdalena.

El minizoo de La Magdalena seguirá abierto. El pleno del Ayuntamiento de Santander ha rechazado, con el voto del PP, Ciudadanos y Vox, una moción conjunta de PSOE, PRC y Unidas por Santander en la que se pedía el cierre de las instalaciones tras filtrarse diversas imágenes que mostraban el estado lamentable en el que viven los animales.

Socialistas, regionalistas y Unidas por Santander defienden que las instalaciones del minizoo de La Magdalena no cumplen con los parámetros adecuados que debe tener un zoológico. Por este motivo, estos grupos de la oposición solicitan que los animales sean reubicados en entornos más adecuados y que el espacio del minizoo se destine a la realización de actividades culturales o para un centro de educación medioambiental.

Los partidos que se han opuesto a esta moción consideran que no se debe tomar una decisión tan drástica como el cierre del minizoo y mucho menos ‘en caliente’. PP, Ciudadanos y VOX niegan la existencia de maltrato animal y creen que los animales están bien cuidados pese a las imágenes filtradas sobre el pésimo estado de las instalaciones, de las focas, de los pingüinos y de los leones marinos.

Recordemos que el pasado 27 de mayo, Laura Gangoso, una visitante santanderina denunció la muerte de al menos una foca y el mal estado de diversos animales en las instalaciones del minizoo del Palacio de La Magdalena. Esta defensora de los derechos de los animales compartió a través de sus redes sociales diversas imágenes en las que mostraba las pésimas condiciones en las que viven las focas, los leones marinos y los pingüinos del zoológico.

Justamente a lo largo del día de ayer, un equipo de AnimaNaturalis fue recibido por la concejala de Medio Ambiente, Margarita Rojo Calderón, junto a sus técnicos y veterinarios del minizoo del Palacio de la Magdalena de Santander. El equipo de la organización animalista se desplazó desde Barcelona para comprobar el estado de los animales, las instalaciones y resolver dudas sobre el manejo y el cuidado de las focas, leones marinos y pingüinos.

Tras la visita, AnimaNaturalis mostró especial preocupación por el sobrecrecimiento anormal y excesivo de algas sobre la piel de las focas grises, que cada vez es más acusado. Además, una de ellas mantiene un comportamiento muy preocupante, porque apenas se mueve en todo el día. Según, Aïda Gascón, directora de la ONG en España, el animal “parece que se esté dejando morir”.

Denuncian la muerte y el maltrato de animales en el minizoo de La Magdalena

Una visitante santanderina ha denunciado la muerte de al menos una foca y el mal estado de diversos animales en el minizoo del Palacio de La Magdalena en Santander.

Laura Gangoso, amante y defensora de los animales, ha informado a través de sus redes sociales del lamentable estado en el que se encuentran algunos animales del minizoo del Palacio de la Magdalena en Santander. La joven grabó las imágenes el pasado domingo 24 mayo, pero no ha sido hasta hoy 27 de mayo cuando estas han trascendido y han provocado numerosas reacciones políticas y desde diferentes asociaciones animalistas.

En las fotografías y los vídeos compartidos a través de su cuenta de Instagram, Laura Gangoso explica que: “al llegar al recinto del Palacio de la Magdalena nos encontramos con un cadáver de foca, envuelto en una bolsa de basura que sobresalía el cuerpo. El cuerpo muerto estaba a la vista de la gente y de los niños. Nos extrañó esta situación y fuimos a ver el recinto de las focas. Al llegar al recinto, vimos que el agua no estaba como siempre, no entraba directa del mar y estaba estancada, de tal manera que el agua se volvió de color verdoso. Vimos a una foca enferma o muerta, su superficie estaba cubierta de verdín, o una especie de musgo o hierba, ya que llevaba mucho tiempo flotando sin sumergirse”.

Tras ver esta situación, Laura Gangoso continuó con su ruta y cuenta que: “llegamos al recinto de los leones marinos, donde solo había uno y no tenía nada de agua, solo arena. Un chico que estaba allí nos dijo que el agua se llenaba con la marea alta del mar, pero se llenaba muy poco. El animal presentaba debilidad y no paraba de realizar llantos y rugidos. Realizaba los mismos movimientos todo el rato. La arena se veía seca, que no fue mojada en mucho tiempo, es decir, nunca entraba agua”.

Además del mal estado de las focas y de los leones marinos, la visitante santanderina también detalla en su publicación que: “vimos el recinto de los pingüinos, hacía demasiada calor y los animales estaban en contacto directo con el sol”.

Izquierda Unida Cantabria ha compartido un tuit en el que indica que: “las imágenes de los animales y sus condiciones nos indican la necesidad de un cambio urgente. No puede primarse el reclamo turístico por encima del bienestar animal. Estudiamos llevar a la Fiscalía la situación del minizoo de Santander. Estos espacios son anacrónicos y el Ayuntamiento debe adaptar la Magdalena al siglo XXI y el Gobierno de Cantabria debe sacar del cajón la Ley de bienestar y protección animal”.

Unidas por Santander, por su parte, ha hecho público un mensaje en el que dicen que: “hemos registrado en el Ayuntamiento varias preguntas dirigidas a la concejala y al director general de Medio Ambiente para pedir explicaciones y proponer cambios, o incluso, la eliminación de un zoo que muchos consideran que debería llevar años cerrado”.

Tras hacerse públicas las denuncias, el Ayuntamiento de Santander ha confirmado en declaraciones para Europa Press “la muerte natural de un ejemplar de león marino de 30 años procedente de Cabárceno”. El consistorio precisa que “esto ya ha sucedido con otros ejemplares que llegan a La Magdalena para vivir sus últimos días. Los operarios del zoo han estado y siguen trabajando durante el estado de alarma y han sido quienes se han encargado del león marino fallecido”.

El zoo dice que apuesta por la protección, pero mantiene animales sin riesgo de extinción

El nuevo plan estratégico prevé la llegada de especies en peligro de extinción, en programas de conservación y mediterráneas, así como la «salida» de animales que no cumplan estos criterios.

El zoo de Barcelona ha anunciado cambios de gran alcance en su estructura. El proyecto tiene como objetivo principal la conservación de animales mediterráneos que estén en conservación o en peligro de extinción. Por ello, según ha afirmado la dirección del zoo, se avanza hacia un espacio sin camellos, rinocerontes e, incluso, tigres, por no cumplir estos criterios. En cambio, se incorporarán otras especies mediterráneas y en peligro, como el tritón del Montseny o la tortuga del arroyo, entre otros.

El plan cuenta con un presupuesto de 64,4 millones de euros y se llevará a cabo entre 2018 y 2031. Su director, Antoni Alarcon, ha asegurado que «es prioritario acoger animales que presentan un alto nivel de amenaza». Por este motivo, el zoo no acogerá más rinocerontes o camellos, en palabras del propio Alarcon, una vez se trasladen o mueran los que actualmente quedan en el zoo. Un criterio que no se mantendrá en el caso de los pingüinos, que a pesar de no ser autóctonos, ni estar en peligro, se mantendrán.

Críticas al proyecto

Marta Gumà, presidenta de la Liga para la Defensa del Patrimonio Natural, se muestra crítica: «si el criterio es mantener animales en peligro, y autóctonos, por qué los pingüinos del zoo se quedarán?», pregunta. Según Gumà, el zoo adopta esta doble vara de medir «porque el pingüino es mediático y atrae visitantes». Un criterio que nada tiene que ver con la creación de un espacio de protección de animales en peligro.

«El zoo presenta muchas infraestructuras en mal estado, que no favorecen el bienestar animal«, lamenta Gumà. «Con el dinero que han invertido, se podría haber resuelto este problema también». Además, uno de los inconvenientes más grandes, según la defensora de los animales, «es que el proyecto no hable de acogida de animales, por ejemplo, los que vienen de circos».

Además, este proyecto, que cuenta con la aprobación del consistorio, es diferente a la promesa que había hecho Ada Colau sobre un espacio que evite la exposición de animales.

Emma infante, experta en Derecho Animal y Sociedad, «agradece al nuevo director la voluntad de mejorar las instalaciones, tal y como las asociaciones animalistas llevan tiempo reclamando». Infante también lamenta que las propuestas «no acaben con la exhibición animal.»

Reducción de especies en el zoo, incorporación de nuevas

El proyecto prevé pasar del 15% de fauna autóctona al 30%. Así, se priorizará la llegada de la Nutria, el tritón del Monseny, anfibios del Empordà, las mariposas del Área Metropolitana, o el fartet del delta del Llobregat, entre muchos otros. También se quieren incrementar las especies en un alto nivel de amenaza, pasando del 22% al 40%.

Todo ello, se hará en detrimento de más de 100 especies, que dejarán el zoo. O bien porque se trasladarán a otros espacios o bien porque no se incorporarán otros una vez mueran. Por ello, el zoo podría quedarse con poco más de 200 especies. El director del zoo ha asegurado que «esto no significa reducir el número total de animales». Pero lo que seguro que cambiará es el zoo tal y como lo conocemos.

El verdadero sentido de las ballenas

«¿Es posible afirmar que aquel que sólo conoce el valor del aceite y de las barbas de la ballena ha descubierto el verdadero sentido de la ballena?» se preguntaba H.D. Thoreau en 1864. Más de 140 años más tarde, Philip Hoare se hace la misma pregunta. Este periodista inglés, amante de la música, la literatura y el mar, nos regala con su Leviatán o la ballena (Ático de los Libros, 2009) una magnífica obra nacida de su amor por los océanos y aquellos que los habitan.

En este tesoro literario acompañaremos a Hoare en su aventura personal de descubrimiento sobre el mundo de las ballenas. Un viaje que explora tanto el rastro literario como la cruda realidad de estos magníficos animales.

Moby Dick, obra de Herman Melville, será el eje central de Leviatán: Hoare investigará la vida del escritor, desde sus experiencias como ballenero hasta las relaciones con otros escritores de la época, como Nathaniel Hawthorne. Y a la vez, se hará a la mar e irá en busca de las ballenas que tanto fascinaron a artistas y científicos.

Una obra que  hibrida poesía y ciencia, escrita desde el corazón, desde la immensa angustia de saber que se pertenece a esa especie, los humanos, que en el transcurso de un siglo acabaron con la vida de más de un millón y medio de rorcuales, en busca de su aceite, de su carne, de sus barbas.

Las ballenas, esos grandes seres casi mitológicos, fueron, y aún siguen siendo, perseguidas, asesinadas, arponeadas con crueldad; víctimas del mundo avaricioso e inhumano que empezaba a las orillas del suyo.

El hombre contra la bestia. Pero, ¿quién es aquí la bestia? Estas «personas» con aletas eran acorraladas con sus familias, separadas madres de crías, arponeadas sin descanso, perseguidas hasta los confines de los océanos… Y ¿para qué? para poder encender la luz de las grandes ciudades. Hoare nos explica cómo el aceite de ballena era el combustible que permitió la iluminación de las grandes metrópolis. Luces en la ciudad, pero oscuridad en el alma.

A través del retrato de los protagonistas de la época, el escritor nos relata cómo la mejora en las técnicas de navegación, el crecimiento de las urbes, y las ansias industriales del siglo XIX, que ha sustituido a Dios para poner en su lugar a un hombre de hierro, arrasan con el mundo natural.

El gran enemigo: lo salvaje. El gran miedo: la libertad. Un mundo moderno que dice querer liberarse de la cadenas del pasado, de las creencias y mitos antiguos, pero que mira lo desconocido a través de las rejas de las jaulas, a través de los cristales de los acuarios. Cristales como los que vieron morir a una de las primeras belugas mantenidas en cautividad en Londres, un animal secuestrado y exhibido que se suicidó nadando a toda velocidad contra los muros de su pecera en 1877.

El autor nos muestra cómo la ciencia trajo consigo nuevos avances, nuevos conocimientos, pero también nuevos tiranos. Aunque también nos habla de la resistencia. Dos grandes nombres, Darwin y Thoreau, sienten y presienten, comprueban y entienden, que este mundo no es «del» hombre, ni «para» el hombre.

La interacción, la interrelación, la evolución entendida no como jerarquía, sino como conexión, son las claves de la nueva mirada a lo que nos rodea.

El tiempo avanza. Los tiempos cambian. Las sensibilidades se reconvierten. Hoare nos ha embarcado en su navío del recuerdo. Pero no olvidemos que en su primer capítulo nos hablaba de una beluga en un acuario, hoy en día.

Y es que hoy seguimos encerrando a nuestros semejantes, los seguimos contemplando entre barrotes o a través de cristales. Los seguimos intercambiando como cartas, incluso en aquellas ciudades que se hacen llamar amigas de los animales.

Que el libro de Philip Hoare nos haga entender la inmensa crueldad de la ambición humana. Más inmensa y oscura, que cualquier océano.

Reformulemos ahora la pregunta de Thoreau: ¿Es posible afirmar que aquel que sólo conoce el valor de las piruetas y los saltos de la ballena ha descubierto el verdadero sentido de la ballena?  

Sílvia Esteve

El Ayuntamiento de Barcelona aprueba cerrar el delfinario de Barcelona

Adiós al delfinario de Barcelona. Según ha podido saber Animalados, el Ayuntamiento cerrará de manera definitiva el delfinario del zoo de la ciudad. El pacto ha sido suscrito por el gobierno municipal que configuran Barcelona En Comú y el PSC y cuenta con el respaldo de ERC y la CUP. Estas dos últimas formaciones de izquierdas han tenido un papel más que relevante en la decisión adoptada. El gobierno municipal tenía tres opciones: construir piscinas nuevas que se adecuaran a la normativa, ceder los delfines a algún delfinario europeo o transferirlos a un santuario para cetáceos y todo indica que se ha decantado por esta última opción sin hacerlo explícito claramente pues está en vías de análisis y decisión. Después de ganar las elecciones, la alcaldesa Ada Colau ordenó suspender la ampliación de las instalaciones que había previsto el anterior ejecutivo, que hubiera costado 15 millones de euros, y creó una comisión de trabajo para un Nuevo Modelo de Zoo para estudiar el futuro del delfinario y del Zoo situado en la Ciudadela. Parece claro que la clausura del delfinario era la opción más razonable y ha apostado desde un primer momento por buscar un lugar con todas las garantías donde puedan los cetáceos terminar sus vidas lejos de las precarias piscinas de hormigón.

Los cuatro delfines adultos que hay actualmente en el zoo, Anak, Azul, Tumay y Nuik serán trasladados a un Santuario. Lipsi, en Grecia, aparece como el más destacado de los posibles emplazamientos. Asimismo, los dos ejemplares jóvenes, Kuni y Leia, que se trasladaron hace unos meses al Oceanográfico de Valencia tras cerrar un acuerdo con esta institución volverán a Barcelona para ser trasladados posteriormente al Santuario elegido. Los estudios científicos han puesto de manifiesto que los simios y los cetáceos son los animales más inteligentes y sensibles después del hombre y estas características los convierten en los animales que más sufren en cautividad. «Los delfines necesitan nadar grandes distancias, relacionarse con el entorno, socializarse con su grupo original… y aquí sólo tienen agua y cemento», lamenta Míriam Martínez, veterinaria y miembro de la Fundación FAADA. La normativa europea ha acelerado el cierre del delfinario. Y es que la Asociación Europea de Mamíferos Marinos (EAMM) fija las condiciones mínimas que deben cumplir los delfinarios para obtener su reconocimiento y el de Barcelona no las supera por sus reducidas dimensiones. El plazo para conseguir el beneplácito de dicha asociación termina en septiembre de 2020, pero el Ayuntamiento ha decidido no ampliar las instalaciones que tenían un elevado coste por el impacto ambiental y cerrar el delfinario por el estrés que provocaba a los delfines y a otros animales del zoo. En contraposición a los diez millones de euros necesarios para reconstruir el delfinario, el traslado de los delfines a un santuario tendría un coste considerablemente inferior, de aproximadamente dos millones de euros, según los expertos.

La clausura del delfinario forma parte de la nueva orientación que quiere dar el ejecutivo al parque zoológico y que consiste en renunciar a la exhibición de algunas especies y potenciar el ámbito pedagógico, de conservación de especies locales y foráneas amenazadas. Las entidades animalistas como la veterana DEPANA con Marta Gumà al frente han presionado desde hace años a la administración para que cerrara el delfinario. La Fundación FAADA, por ejemplo, ha recogido firmas en internet para pedir el cierre del delfinario de Barcelona. También se ha movido la sociedad civil. Prueba de ello es la constitución de la plataforma estudiantil Freedolph, que en tan solo unas semanas consiguió miles de firmas para reclamar la clausura del delfinario por las graves secuelas físicas y psicológicas que padecen estos cetáceos al estar en cautiverio.