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Conoce la historia de River, el primer cerdo sometido a una artroplastia

La historia de River está repleta de emoción. Este cerdo fue encontrado el pasado mes de diciembre por un ciclista a la vera de un río en unas condiciones lamentables. Era apenas un bebé y había sido abandonado. El animal presentaba diversos traumatismos, la cadera destrozada, y un codo y el hombro fracturados.

El deportista, impactado y compadecido por la situación del cerdo, decidió avisar a una protectora, y desde allí, acudieron a la Fundación El Hogar Animal Sanctuary para ver qué se podía hacer para salvar la vida del animal.

Desde un principio, los médicos descartaron la opción de que River sobreviviera a sus lesiones, pero la Fundación decidió luchar por su cuenta por la vida del cerdo. Lo primero de todo fue conseguir una serie de aparatos médicos para animales que obtuvieron del Hospital Clínic Veterinari UAB.

Todo el trabajo realizado fue de manera autodidacta. Buscando casos similares en otros países como Suiza, estudiando artículos extranjeros con la ayuda de traductores voluntarios… Hasta encontrar a veterinarios que habían trabajado con cerdos la parte de anestesiología y otros profesionales que tenían experiencia con perros en este tipo de intervenciones. Así, entre todos llevaron a cabo la cirugía de River.

Una intervención pionera en cerdos

Para poder operar la cadera de River, el animal tenía que ser sometido a una artroplastia, una intervención que consiste en la extirpación de la articulación dañada serrando el cuello del fémur y retirando la cabeza femoral.

Así, el 9 de julio de 2019 se realizó una artroplastia de cadera a un cerdo blanco por primera vez en España. Una intervención utilizada hasta el momento para gatos y perros de tamaño pequeño. Por tanto, la actuación ha supuesto un gran paso en la medicina veterinaria inclusiva e igualitaria para todos los animales, sin tener en cuenta su especie.

River, al ser un animal de granja, no existen normas sobre cómo actuar en intervenciones como la artroplastia. Ha sido una operación pionera en cerdos. Lo peor que podría haber pasado es que el animal no se hubiera despertado de la anestesia. Hay pocos protocolos veterinarios sobre las anestesias y los cerdos han sido siempre utilizados para experimentos.

Tras dos horas y media de intervención en el quirófano, River salió exitoso de la operación. El animal fue a mejor con el paso de los días, aunque el equipo veterinario ve improbable que el cerdo pueda volver a caminar algún día por sí mismo.

Desde la Fundación El Hogar Animal Sanctuary siguen haciéndole electroestimulación para fortalecer sus músculos. River será para siempre un animal dependiente, con unos cuidados especiales, algo que no supone un problema para los voluntarios y trabajadores de El Hogar, especialistas en cuidar animales con necesidades especiales.

¿Cómo se recaudaron los fondos para la operación?

Los santuarios de animales, al no ser una explotación ganadera, no reciben ningún tipo de subvención por parte de la administración. El Hogar se financia únicamente a través de donaciones de empresas y de particulares.

La intervención a River tuvo un coste aproximado de 2.000 euros por cada lado de la cadera. Por lo que la Fundación El Hogar Animal Sanctuary tuvo que iniciar una campaña para la recaudación de fondos a través de un multicomedor vegano solidario y la venta de un cuadro con un retrato de River. Gracias a la solidaridad de 18 restaurantes de toda España que ofrecieron sus menús especiales para la ocasión, a un activista que donó su talento y a la respuesta de los activistas que el Hogar tiene en las redes sociales, se recaudaron 3.851 euros para la operación.

Así, la gran labor de la Fundación, el equipo veterinario y los activistas voluntarios consiguieron una operación pionera que salvó la vida de River. Desde El Hogar Animal Sanctuary invitan a apadrinar a River, y al resto de animales del santuario, como la herramienta perfecta para poder seguir trabajando para y por los animales de la manera más segura.

Donde viven los amigos

 

«Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica en un libro sobre el Bosque Virgen que se llamaba «Historias Vividas». Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. (…) Reflexioné mucho entonces sobre las aventuras de la selva y, a mi vez, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. (…) Mostré mi obra maestra a las personas grandes y les pregunté si mi dibujo les asustaba. Me contestaron: «¿Por qué habrá de asustar un sombrero?» Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones. (…) Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. (…) Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones.» Inicio de la obra El principito de Antoine de Saint-Exupéry

 

Por suerte para muchos, Roger Olmos siguió dibujando boas dentro de elefantes, y lo que es más importante siguió viendo en esa representación del sombrero a la boa que se comió al elefante.

«Éste es un libro para que los niños se lo lean a sus padres» nos dice el autor al final de la obra. Tristemente muchos adultos necesitan un intérprete para lograr traducir la empatía, la inocencia, la amistad.

La protagonista de nuestra historia recibe como regalo de su madre un libro de ilustraciones, un «cuento». La madre lo compra, pero la niña lo vive, lo entiende. Una tragedia se cierne sobre nosotros cuando pasamos de aventureros, soñadores, niños a consumidores, realistas, adultos. La tragedia de hacernos mayores.

La pérdida de la infancia (un tesoro del que por desgracia no todos los niños pueden disfrutar) no deja de ser una muerte. La adolescencia, por ello, se convierte en un duelo extraño por aquél niño o niña que un día fuimos. Roger nos lo transmite pintando de gris y negro lo relativo al mundo de los adultos y a pleno color el mundo de la niña.

En el mundo de los colores, de los cuentos, de los sueños, teníamos la suerte de tener unos amigos que, aunque no fuesen de nuestra misma especie, nada impedía que hablásemos con ellos, jugásemos y les quisiéramos con todo nuestro corazón. El idioma universal de la empatía elimina cualquier frontera.

Nuestra protagonista viaja, gracias al libro, a un mundo lleno de animales y seres fantásticos. Se pone su traje de conejo rosa y corre con una única zapatilla por los campos de la imaginación.

Vacas, cerdos, pájaros, peces… Juegan junto a ella.

Interrumpida por su madre, que la llama para cenar, la niña vuelve al mundo real. Donde debe calzarse de nuevo ambas pantuflas. El suelo real suele estar más frío.

Escalón a escalón. Del desván, donde viven sus amigos, a la cocina. Y la cena en el plato. 

La madre ve la «comida»: ya no ve el elefante dentro de la boa. Ve el sombrero.

Este es un libro para que los niños y los que se resisten a dejar de serlo se lo lean a los que olvidaron quiénes fueron. A los que olvidaron a sus amigos.

Roger no nos pide que volvamos a creer en seres fantásticos, nos pide que seamos capaces de volver a «ver» a todos los seres reales que nos rodean.

 

NOTA: Amigos solo se encuentra a la venta aquí 

La obra a estado editada por FAADA en España y Logos Edizioni en Italia

Artículo de Silvia Esteve