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Un cazador de 18 años en libertad tras disparar y matar a un gato doméstico

El pasado 27 de octubre un chico de 18 años fue detenido por disparar y matar a un gato doméstico en el municipio de El Perelló, en Tarragona. Pocas horas después de la detención, el joven cazador quedó en libertad tras acogerse a su derecho a no declarar en la sede policial. El responsable de los hechos está siendo investigado por un presunto delito contra la protección de la Flora, Fauna, y Animales Domésticos.

Un nuevo caso de asesinato animal que por el momento queda impune. El pasado 27 de octubre los Mossos d’Esquadra detuvieron a un cazador de 18 años en El Perelló tras disparar mortalmente a un gato doméstico. El animal se encontraba amistosamente dentro de su finca de la localidad tarraconense.

Según explican algunos testigos a la Agencia Catalana de Noticias, el joven se paró, sacó su escopeta por la ventana de un coche y disparó mortalmente contra el gato. La propia propietaria se encontraba cerca del lugar de los hechos y pudo presenciar este esperpéntico episodio.

Los Mossos d’Esquadra detuvieron al joven que disparó desde la ventanilla de su vehículo acabando con la vida del felino. Los agentes decomisaron el arma al cazador y lo liberaron unas pocas horas después al comprobar que se trataba de un vecino del municipio de El Perelló. El chico se acogió a su derecho a no declarar en la sede policial y se marchó a su domicilio.

Actualmente, el cazador de 18 años está siendo investigado por un presunto delito contra la protección de la Flora, Fauna y Animales Domésticos.

Recordemos que la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, castiga con prisión el asesinato de un animal doméstico. Si un delito causa la muerte del animal se impondrá «una pena de seis a dieciocho meses de prisión e inhabilitación especial de dos a cuatro años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales y para la tenencia responsable».

Otro accidente entre Guardia Urbana y perros que se hubiera podido evitar

La falta de formación de los agentes ha generado diferentes conflictos, el último ha provocado la muerte de un perro.

Los agentes de la Guardia Urbana no tienen la suficiente formación como para actuar en algunos casos donde hay perros implicados. Muchos agentes ignoran que un determinado lenguaje corporal o una determinada actitud, les pueden facilitar acercarse al perro o, por el contrario, pueden provocar que el animal se sienta amenazado. Seguramente, así es como se sintió Sota, una perra que vivía con un chico que pedía limosna en la calle, cuando este martes dos agentes de la Guardia Urbana llamaron la atención a su dueño por llevar a su can sin atar. Las versiones, a partir de ahí, son diferentes. Según los agentes, la perra, que era de una raza considerada potencialmente peligrosa, atacó uno de los agentes, que sacó su pistola y le disparó un tiro en la cabeza. Un disparo mortal. Existe otra versión de algunos testigos de los hechos que ha alarmado a la comunidad animalista, según la cual, la perra estaba nerviosa y ladraba por la presencia de los agentes y uno de ellos la inmovilizó clavándole la rodilla en el cuello y disparó el arma. A continuación, el chico, atacó con su monopatín al agente y le golpeó en la cabeza.

La Unidad de Deontología y Asuntos Internos del cuerpo abrió una investigación y concluyó que el agente había actuado de manera correcta. El caso no acabará aquí y será la Justicia quien finalmente determine cuál de las dos versiones es la verdadera ya que la Asociación Apadevi y el partido PACMA han denunciado los hechos. Pero sea cual sea la resolución final, es evidente que si el agente hubiera tenido suficiente formación como para solucionar el conflicto sin tener que sacar una pistola en medio de la vía pública, todo el mundo hubiera salido ganando. Ser policía no implica necesariamente saber de perros, amarlos ni siquiera tolerarlos, pero trabajar en la vía pública y hacer cumplir las normativas municipales y autonómicas obliga a los agentes a tener que relacionarse con perros y sus dueños. Es por este motivo que es lamentable que los agentes no cuenten con esta formación específica.

Otros ayuntamientos, como el de L’Hospitalet de Llobregat, ya organizaron el año pasado un curso teórico y práctico para los agentes del municipio sobre cómo actuar ante perros considerados potencialmente peligrosos. También recibieron esta formación miembros del equipo técnico del área de sanidad. Durante el curso, que fue a cargo de los miembros de la Asociación para la Protección de GPP, se daban las claves para poder identificar cuando un perro está nervioso o cuando es el momento para acercarse de forma segura, entre otros aspectos. La experiencia se valoró de manera positiva y, seguramente, se repetirá este año.

La muerte del perro a manos de los agentes de la Guardia Urbana no es un problema aislado. El pasado mes de octubre siete agentes resultaron heridos durante un conflicto con dos perros y su dueño. Hace dos años, fueron los Mossos los que abatieron a un perro que corría por el barrio de Collblanc y que ya había mordido a una decena de personas. ¿Todos estos casos se hubieran podido evitar? ¿Queremos que los agentes que patrullan por nuestras calles estén suficientemente formados como para poder controlar el máximo de situaciones posibles?