Diez consejos para ir a la playa con tu perro

Este es el Decálogo del buen Beach dog. Si queréis ir a la playa con vuestro perro, seguid estos consejos:

  1. Llevar cantimplora para que beba mucha agua. Los perros no sudan, se refrescan jadeando, pero lo que eliminan al hacerlo es vapor de agua, por eso también se deshidratan aunque no suden. Si no le gusta mucho el agua, podéis llevar caldo suave de pollo fresquito en la  
  2. Ofrecer alimentos ricos en agua como frutas o gelatinas saborizadas sin azúcar.
  3. Evitar el bozal, y si lo tienen que llevar, que sea uno grande y adecuado que le permita abrir bien la boca y sacar la lengua para jadear.
  4. Meterse en el agua con frecuencia es una buena manera de refrigerarse.El agua de mar es buena para la piel, pero al regresar a casa mejor una ducha para eliminar el salitre y la arena acumulada.
  5. No rasurar el pelo al cero para que vaya fresquito: el pelo confiere protecciónde la radiación ultravioleta y evita el sobre calentamiento de una piel que al no sudar se calienta más rápido.
  6. Sombrilla y palas: Cavar un buen hoyo en la arena buscando el frescor de la arena profunda o tumbarse a la sombra de una sombrilla son recomendables para mantenerse fresco, sobre todo para los perros que no se bañan.
  7. Está bien llevar un freesbe, pelota o similar para jugar un rato con tu perro, pero no es recomendable hacer ejercicio físico intenso a las horas de más calor.
  8. La arena de la playa a ciertas horas está muy caliente, si tu perro tiene las almohadillas de manos y pies duras y curtidas no será un problema pero si las tiene blandas y delicadas pueden erosionarse y molestarle. Existen pomadas, ungüentos y todo tipo de productos a base de aloe vera que sirven para endurecer y preparar las almohadillas para situaciones especiales, diferentes a los paseos diarios urbanos. Se deben empezar a aplicar un par de semanas antes.
  9. Llevar bolsas para recoger las heces que puedan hacer en la arena.
  10. Kit de educación básica: chuches, premios y recompensas. Todos los perros en la playa y en cualquier espacio público deberían al menos responder a la orden de llamada, obedecer la orden de sentarse/tumbarse y la de estarse quietos. Es tu responsabilidad que no molesten a los demás. Si todavía no lo has conseguido necesitarás también una cuerda o correa larga para que se pueda mover, pero limitarle el acceso a zonas conflictivas.

Artículo de Ignacio del Moral, veterinario de Clinivet.

Guía para el buen animalista: un consumo que no dañe a los animales

Se cree erróneamente que el animalismo es tener un cariño especial a cierto tipo de animales o alegar que se prefiere a los animales sobre los humanos. El animalismo va mucho más allá, el animalismo es mucho más exigente, profundo y transformador. El animalismo es un compromiso que equipara los derechos de los animales no humanos a los propios. Como aspirante a animalista total, debes saber que tu meta es ser vegano y antiespecista.

Las personas veganas son aquellas que optan por productos y actividades libres de maltrato animal. Las antiespecistas son las que no discriminan a otros seres en función de la especie a la que pertenecen. Ser vegano y antiespecista, en otras palabras, un “perfecto animalista”, se consigue al culminar un proceso que requiere acumular mucha información y cuestionar, no sólo intelectualmente, muchos de los hábitos mayoritarios. Para tomar las decisiones de manera correcta y continuada es importante enfocar la transformación como una ganancia o una liberación, no como un sacrificio y aún menos como una pose.

Dejar de comer productos de origen animal puede ser la primera etapa de un largo trayecto. El siguiente paso es abandonar los lácteos, los huevos y la miel. Quien ame a los animales no sólo deja de comer carne si no que se libera de consumir productos que los animales producen para ellos mismos: ¡no para que se lo arrebatemos!

Es popular la vertiente gastronómica del veganismo pero va mucho más allá. Un vegano no usa productos obtenidos de la explotación animal. Los zapatos, la correa del reloj, el cinturón, el monedero, el bolso o el maletín,… son algunos ejemplos de productos cotidianos vinculados a la explotación animal porque suelen ser de cuero.

También algunas prendas del hogar son de lana en sus muchas variantes, de seda o de pelo o con plumas como algunos edredones y cojines. Date cuenta si en casa tienes adornos de marfil, de carey. Las velas tanto las de cera de abeja como las de glicerina no son veganas. En todo ello hay un porcentaje significativo de sufrimiento animal. No es imprescindible que te deshagas de cosas que te sirvan realmente pero cuando tengas que reponerlas consume en coherencia con tus nuevos valores.

Tirar todo lo que descubres que puede estar vinculado a la explotación animal es poco ecológico y para proteger a los animales hay que cuidar del medio ambiente. Lo que ya tienes hazlo durar, tarda en reponerlo y cuando lo hagas que sea vegano. Una buena aliada del animalista total es la lupa: conocer al dedillo las etiquetas de composición de las cosas es muy importante. ¿Sabes que la laca de uñas permanente, los preservativos y las manzanas más brillantes del supermercado no son veganos? Las primeras llevan una cera que se obtiene de insectos, los segundos deben su suavidad a una proteína de la leche llamada caseína y el brillo se consigue con goma laca comestible proveniente de peces. Por esto y mucho más hemos dicho antes que informarte, leer y empollarte las etiquetas es imprescindible para ser vegano.

Demasiados productos de uso cotidiano han sido experimentados con animales o contienen productos de origen animal. Cuanto más sepas mejor podrás esquivarlos y más cerca estarás de los sustitutivos si es que te hacen falta. En Estados Unidos sobre todo hay toda una industria que imita productos animales que pretenden satisfacer a los nostálgicos del consumismo omnívoro incómodos con el maltrato. Las ferias veganas tienen un éxito considerable por que facilitan la identificación de productos alternativos de un modo atractivo.

Gos i humà amics Animalados

Otro ejemplo claro son las atracciones turísticas o de tiempo libre que implican a animales, como los zoos, los espectáculos, las demostraciones de destreza, los pasacalles o las fotos con animales salvajes. La sensibilidad hacia los animales te hará ver de otra manera la caza, la pesca, la ganadería especialmente la intensiva, e incluso la experimentación. Es importante descubrir los entresijos de las distintas prácticas aunque emocionalmente pueda resultar muy duro. Sólo saber en profundidad lo que les pasa a los animales te da herramientas para consolidar tu opción y defenderla frente aquellos que te acabarán preguntando por tu nuevo estilo de vida.

Conforme vas aumentando el grado de empatía con el animal dejas de ver con agrado las actividades con animales, si implican un respeto y un bienestar suficientes para el animal. Frente a un ser de otra especie el animalista debe plantearse: ¿Está cómodo?, ¿tiene hambre?, ¿sed?, ¿frio?, ¿calor?, ¿miedo?, ¿se comporta libremente, según su naturaleza o está condicionado?, ¿Si pudiera elegir estaría en este lugar comportándose así? Si te haces todas estas preguntas probablemente dejas de ver romántico un paseo en calesa, o cabalgar, descartas darte un baño con delfines o te niegas a subirte en un camello en Lanzarote o en Jordania o en Egipto, o en Elefantes en Tailandia por ejemplo. No te haces selfies con serpientes, loros, felinos o simios.

Un animalista no convive con peces, aves, reptiles, anfibios ni mamíferos a no ser que sean individuos rescatados que necesiten el amparo del ser humano. Los perros y los gatos pertenecen a especies con la que llevamos más de 10.000 años de camino recorrido juntos, eso explicaría el gusto de la mayoría de sus individuos por sumarse a nuestras familias. Un animalista no puede aceptar la instrumentalización de ningún animal: no existen animales de trabajo, ni de asistencia, ni de seguridad, ni de granja,… cada animal tiene valor per se. Ni su presencia, ni sus acciones ni su cuerpo deben ser utilizados. Tampoco pueden ser producto de lucro, la compra y venta de animales resulta aberrante como lo es la compra y venta de personas.

Tus elecciones de consumo hablan de ti y conforme te vas informando van haciéndose más sutiles. Puedes comprar un producto vegano de una marca y despreciar el de otra porque esta segunda la produce un holding de empresas que no respeta el principio de creación y elaboración sin maltrato animal. Pasados los años una persona vegana puede seguir sorprendiéndose con la composición nada inocente de productos en los que de alguna manera se participa de la explotación animal: el carmín de los pintalabios proviene de machacar cochinillas y algunas piezas chinas de menaje contienen huesos machacados. Hay que sustituir la impresión de que tal producto no ha perjudicado los intereses de ningún animal no humano por la certeza de que efectivamente no ha sido así. Recuerda lo que ha pasado con el aceite de palma, consumir productos elaborados con este aceite es promover la destrucción del hábitat de, por ejemplo, los orangutanes. Tras un aderezo de origen vegetal reposa la culpa de casi un exterminio.

Valora si tu trabajo, o la actividad con la que te ganas la vida interfieren de algún modo con los derechos de los animales y toma la decisión que sea más consistente. Hay personas que cambian de trabajo o modifican sus prácticas para sintonizar con los valores animalistas es clásico en peluquería, entre los tatuadores, diseño de moda, pintores o decoradores por ejemplo. Personas que antes entrenaban animales, los utilizaban, los vendían vivos o muertos, llega un día que dejan de soportarlo. Otros profesionales con una implicación menos directa pero de gran impacto también varían al hacerse animalistas. No son pocos los maestros de primaria que desechan los estereotipos de dominación especista que inculcan muchos libros infantiles de uso común y aprovechan los cuentos para infundir respeto real por los animales.

Gracias a la comunicación respetuosa de la necesidad de opciones veganas en cantinas estudiantiles, en comedores de empresa, en caterings colectivos estas van apareciendo. Si antes sólo podías comer ensaladas y gazpacho fuera de casa ahora muchos menús exhiben humus, soja y hamburguesas veganas. A la hostelería convencional le queda mucho por descubrir del potencial de las verduras, las legumbres, los cereales, las algas y las frutas, en la medida que vamos pidiendo y se va haciendo rentable los empresarios se adaptan, sobre todo si eres cliente habitual. La dieta mediterránea ancestral contemplaba el consumo de carne de modo ocasional.

Escapa't amb el gos Animalados

Hasta ahora hemos hablado de “dejar de dañar” a los animales como parte del camino hacia el veganismo y antiespecismo. Es probable que se te presente la diatriba entre abogar por el abolicionismo o por el bienestarismo. El abolicionismo considera que no hay ninguna mejora en el bienestar animal que podamos llevar a cabo que justifique el sentido de propiedad y dominio que ejerce el humano sobre las otras especies. El bienestarismo legitima la propiedad y cría de animales siempre y cuando se incremente significativamente la satisfacción de las necesidades de estos.

Un ejemplo de abolicionismo sería la conversión de las granjas en santuarios y la suspensión de la producción y el lucro derivados de los animales y un ejemplo de bienestarismo sería el mantenimiento de las granjas priorizando el bienestar de los individuos sobre el rendimiento económico. Un cierto tipo de bienestarista puede llegar a cuestionar si un ser que ha tenido una vida feliz puede ser consumido tras haber sido matado de manera rápida e indolora. La premisa animalista es la ausencia de sufrimiento animal y dar consistencia a la acepción de humano que nos tilda de “comprensivos, sensibles a los infortunios ajenos”.

Si tu convicción y tu conocimiento te mueven a querer ir más allá de no dañar a los animales y quieres protegerlos tienes muchas opciones de colaboración. La más simple puede ser contribuir con el pago de una cuota de socio de una asociación o fundación o puedes apadrinar un animal. También puedes hacer voluntariado y en lugar de aportar parte de tu salario puede ofrecer tu tiempo o tu talento. Hay un sinfín de refugios y protectoras que necesitan personas que hagan tareas con contacto directo con los animales acogidos, tareas telemáticas o comerciales. Una organización bien montada puede asignarte una tarea ajustada a tus posibilidades si realmente estás comprometido y demuestras responsabilidad. Otra modalidad es participar en manifestaciones y eventos reivindicativos y formativos. Muchas mejoras sociales se han conseguido gracias a la movilización colectiva. Explora las múltiples opciones existentes y sé tan cuidadoso y selectivo con tu tiempo y tus palabras como lo eres con tu plato, con tu hogar y con tus relaciones con los animales humanos o no humanos.

Para saber más, puedes invertir tiempo en leer los cada vez más numerosos ensayos que abordan el tema desde Singer y su “Liberación Animal”, a Herzog “Los amamos, los odiamos y los comemos”, Joy y su “Porque amamos los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas” o “Un paso adelante en defensa de los animales” de Oscar Horta, como unos pocos ejemplos introductorios. Si os queréis meter en harina todo lo que publica la editorial Ochodoscuatro es muy estimulante. También te irá de lujo empollar recetarios veganos sobre todo porque multiplican exponencialmente el disfrute no culpable de tus sentidos.

Emma Infante, Futur Animal

Cómo evitar que nuestro perro sufra un golpe de calor

Las altas temperaturas pueden provocar graves consecuencias a los perros. Te ofrecemos cuatro consejos básicos para evitar que nuestro perro sufra un golpe de calor y te explicamos cómo reaccionar en caso de deshidratación.

Los perros, y la mayoría de animales de compañía, no sudan. A priori puede parecer una buena noticia -a nadie le gusta sudar- pero en realidad es un problema que puede tener graves consecuencias. Los humanos, cuando pasamos mucha calor, tenemos la capacidad de sudar y, cuando éste sudor se evapora, vuelve a bajar la temperatura de la piel. Los perros no pueden hacer este ejercicio, tan molesto como fabuloso, de modo que con las altas temperaturas hay que extremar la atención porque algunos animales corren un riesgo elevadísimo. Un golpe de calor puede ser mortal.

En los lugares donde hay mucha humedad, el riesgo comienza cuando las temperaturas de los termómetros superan los 30 grados. Toda la información, se ha redactado después de hablar con la veterinaria Marta Legido, miembro del Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona (COVB).

CONSEJOS PARA EVITAR EL GOLPE DE CALOR

– Evitar sacar el perro a pasear entre las 12.00 y las 16.00, que es cuando hace más calor. El momento ideal para hacer el paseo durante los días de calor es a primera hora de la mañana o lo más tarde posible, cuando la temperatura ya no es tan alta. Si no se puede escoger la hora del paseo, hay que hacer una vuelta breve (el tiempo justo para que haga sus necesidades) y caminar por la sombra. Cuando el suelo coge una alta temperatura, además del riesgo de deshidratación, los animales se pueden quemar las plantas de los pies.

– No se puede dejar nunca el perro dentro del coche en verano, ni en el sol, ni en la sombra. Los vehículos parados pueden llegar a una temperatura de 40 grados en pocos minutos y un perro encerrado con este calor podría morir en menos de 20 minutos.

– El perro siempre debe tener agua limpia y abundante.

– Dejaremos que busque un lugar fresco en casa o por donde corra el aire.

QUÉ RAZAS Y QUÉ TIPO DE PERRO TIENEN MÁS RIESGO

– Los perros viejos o los más jóvenes (hasta seis meses), son los que tienen más riesgo de deshidratación. Pero también los perros enfermos pueden tener problemas.

– Las razas con más problemas son, como es habitual, los branquicefálicos, es decir, los que tienen el morro chato, como los bulldogs, los boxers o los carlinhos, entre otros.

– En contra de lo que se pueda pensar, las razas nórdicas no sufren el calor más que las otras razas. Su naturaleza está mucho más preparada para el frío que por el calor, pero la generosa cabeza de pelo que tienen también los aísla del calor.

CÓMO DETECTAR QUE ESTÁ DESHIDRATADO Y QUÉ HACER

– La deshidratación es fácil de detectar: ​​si vemos que las encías se ponen moradas, hay que fijarse si está aumentando el ritmo de la respiración y si su temperatura es muy alta.

– Como siempre decimos desde animalados.com, cuando tratamos temas de salud animal, a la menor duda hay que ir al veterinario. Sin embargo, hay un par de consejos que nos pueden ayudar a rebajar la temperatura de nuestro perro y evitar daños irreversibles. Si detectamos que está sufriendo un golpe de calor, hay que envolverse el cuerpo y el cuello con una toalla mojada con agua tibia. No hace falta que sea fría, porque podríamos pasar rápidamente de la deshidratación a la hipotermia. Las patas es mejor no mojarlas. También procuraremos que beba agua hasta que vuelva a su temperatura habitual, que es entre los 38 y los 39 grados.

Y AL RESTO DE ANIMALES, ¿COMO LES AFECTA EL CALOR?

– Los gatos sufren el calor más o menos como los perros, pero como no salen a pasear, es más difícil que sufran un golpe de calor. Como los perros, son especialistas en encontrar el lugar más fresco de la casa. Las aves sufren mucho calor, es importante que tengan siempre agua limpia al alcance. Los roedores también necesitan mucha agua y es posible que detectemos que en las horas de más calor, están completamente inmóviles. Los reptiles son los que sufren menos cuando llega el calor pero hay que tener cuidado de mantener el terrario muy limpio. Sobre todo, hay que retirar los restos de comida.

Perros y petardos

 

Llega el verano y con él las fiestas populares y las verbenas. Para nuestros animales y también para los que viven en la calle y en los parques, estas fechas de fiestas y fuegos artificiales se convierten en unos momentos de estrés y angustia. Desde Animalados hemos querido recoger los consejos de Rosa Sagués sobre perros y los de Clara Busquets para los gatos. Empezamos hoy por los canes.

 ¿Cuáles son los preparativos previos al día de San Juan?

La reacción a ruidos desconocidos es un comportamiento normal (sobre todo cuanto más intensos e imprevisibles son) y lo más probable es que busque un lugar donde esconderse. Normalmente preferirá un lugar pequeño y oscuro, como una madriguera. Algunos perros por ejemplo se esconden debajo de la cama. Otros prefieren la bañera, ya que este material aísla del ruido, los baños además suelen tener ventanas pequeñas y rara vez dan directamente a la calle.

Durante los días previos a la verbena podemos crear en casa un lugar seguro donde pueda refugiarse. Hay que buscar un lugar tranquilo de la casa. Serán mejores las habitaciones interiores de la casa y sin ventanas. Podemos poner su camita y darle cosas para roer o hacerle buscar premios para que se encuentre a gusto en este lugar, siempre de forma muy tranquila.

Si está habituado al transportín podemos utilizar este como refugio, tapándolo con alguna manta o edredón para aislarlo más del ruido y la vibración del aire. Es importante retirar la puerta para que pueda entrar y salir cuando quiera y dejar abierta también la puerta de la habitación por si decide cambiar de lugar.

Si somos unos manitas podemos hacerle expresamente una cabina acústica. En las tiendas de bricolaje encontraremos materiales no demasiado caros que aíslan del ruido. Otra cosa que podemos hacer es habituarlos a los chalecos anti-estrés, o las vendas de Tellington Touch. Tanto en el caso de la zona segura como con los chalecos hay que tener en cuenta que se deben introducir siempre de forma muy progresiva y agradable. Es algo que en ningún caso se puede forzar ya que esto tendría un efecto contraproducente. Si no sabemos cómo realizar la habituación es mejor pedir ayuda a un educador canino.

Ayudaremos también a nuestro perro si hacemos que durante estos días todo sea lo más tranquilo posible y bajamos con él nuestro nivel de exigencia. Debemos procurar que los paseos sean tranquilos y sin tensión de la correa, y tratar de salir a la calle a horas que no haya mucho revuelo. El exceso de control o abuso de actividades que a menudo hacemos con la intención de » cansar » al perro, pueden tener el efecto contrario. Ejercicios de obediencia, salir a correr, el juego brusco con nosotros u otros perros u otros tipos de juego que potencian las pautas predatorias como jugar a la pelota, en especial si no hemos facilitado los períodos de descanso convenientes en medio, aumentan los niveles de estrés del perro y en consecuencia disminuye su capacidad de gestión ante situaciones imprevistas.

A estas alturas muchos perros habrán escuchado ya petardos cerca de casa, y es posible que salgan a la calle más alerta de lo habitual. Si el perro ya no quiere ni salir de casa no debemos forzar, saldremos sólo hizo sus necesidades y basta. Si el perro ya está muy sensibilizado hay que evitar la exposición a los petardos lo máximo posible, y si es necesario, y si tenemos la opción, una buena opción es irse unos días lejos de estas fiestas. Los miedos se generalizan con facilidad, son como una bola de nieve que puede hacerse más y más grande. Superarlas es un proceso que requiere tiempo y paciencia, y es algo que ahora mismo no podemos improvisar.

¿Los podemos aclimatar ya desde cachorros?

Si, pero tenemos que saber cómo hacerlo. Cada etapa evolutiva del perro tiene su función, y dependiendo de su estado de maduración habrá cosas que quizás, aunque siempre han estado en un determinado lugar, de repente pueden tener una relevancia especial. Esto hace que haya varios periodos en que es más fácil que adquieran miedos.

Cuando tenemos un cachorro la mejor manera de que se convierta en un adulto seguro de sí mismo es promover su interés natural por el entorno y conseguiremos que así sea si le hacemos conocer las cosas de la forma más amable y progresiva posible, evitando el exceso de control y los métodos educativos basados ​​en el castigo que minarán su confianza en nosotros.

Si somos previsibles y sabemos atender a sus necesidades reales siempre seremos su primera opción, en la que podrán recurrir ante situaciones de peligro. Es posible también que perros de edad avanzada empiecen a manifestar miedo a los petardos. Esto puede ser debido a diferentes factores. Dolor, inestabilidad o deterioro cognitivo son diferentes elementos que pueden causar estrés a nivel físico o psíquico ya que reducen su grado de autoconfianza y los hacen más sensibles a determinadas situaciones.

También hay que tener en cuenta que determinados perros son más sensibles al entorno por naturaleza, pero también juega un papel fundamental el estado emocional de base en que se encuentren. Por ejemplo perros recién adoptados que todavía no se han habituado al nuevo hogar pueden ser más susceptibles a desarrollar miedo a los petardos.

¿Cómo podemos vehicular su miedo cuando estamos en la calle?

Nuestro primer objetivo debe ser »quitar hierro» a la situación. Si el perro ve que nosotros estamos tranquilos la estamos ayudando a normalizar este estímulo, y cuanta menos importancia le damos menos le dará él.

Si vamos por la calle y nos tiran un petardo cerca lo más normal es que el perro quiera huir. Normalmente querrá volver a casa y es lo que tenemos que hacer: sacarlo de la situación de la forma más calmada posible y acompañarlo hasta su lugar seguro. Por cuestiones de seguridad es importante durante estos días intentar no llevarlo desatado. Podemos utilizar una correa larga para que tenga la mayor libertad posible.

¿Y cuando estamos en casa, ¿cuál debe ser nuestro comportamiento? ¿Es bueno protegerlos o es mejor dejar que se escondan donde crean seguro?

Lo más importante es respetar su reacción natural, no forzar nada y, sobre todo, evitar ser invasivos. Si el perro quiere esconderse, si ladra o se mueve de un lugar a otro le tenemos que dejar. No debemos intentar corregir o castigar ninguno de los comportamientos que pueda mostrar ante el miedo.

Si busca nuestro contacto o se siente más seguro subiéndose a nuestro regazo debemos responder a su demanda, pero sólo si él lo pide. Es muy importante que él sepa que estamos aquí para ofrecerle nuestro apoyo, siempre de forma muy tranquila y más bien sin dar muestras de afecto exageradas.

Sobre todo tenemos que ser muy conscientes de que nuestro estado emocional incide directamente en el del perro. Nuestra preocupación, aunque sea con la mejor intención, puede ser un factor que puede alimentar la preocupación del perro Si estamos preocupados estamos reafirmando al perro que realmente nos encontramos en un estado de emergencia.

Podemos quedarnos con él un rato en su lugar seguro hasta que se tranquilice. Podemos bajar las persianas y poner música para enmascarar el ruido. Hay músicas específicas que se pueden encontrar a nivel comercial.

¿Son realmente necesarias las pastillas para relajar?

En casos graves los ansiolíticos pueden ayudar a modular la reacción emocional del perro. Reaccionará igualmente, pero se verá afectado con menos intensidad. Antes de utilizar cualquier fármaco hay que valorar siempre si es realmente necesario con nuestro veterinario y nunca administrarlo sin su supervisión para asegurar que la dosificación sea la adecuada a su peso y tamaño, y que el estado de salud del perro lo permita.

Antiguamente se habían utilizado sedantes o relajantes musculares que paralizaban al animal mientras seguía plenamente consciente. Estos además pueden aumentar la sensibilidad auditiva, con lo cual la experiencia puede ser aún más traumática. Hay que evitar este tipo de fármacos.

¿Hay alguna alternativa natural?

Nutracéuticos como el triptófano, normalmente combinado con vitamina B y / o teanina, (Zeus, Kalm-Aid, Adaptyl) o el alfa-casozepina, derivada de la proteína de la leche (Zilkene) pueden ser efectivos pero tenemos que empezar varias semanas antes y ahora mismo ya sería un poco justo. Como siempre, hay que consultar previamente al veterinario.

Podemos ayudar a nuestro perro también con remedios de fitoràpia (valeriana, hierba de gato), homeopatía o flores de Bach. Hay que consultar un veterinario de medicina natural para que nos indique las dosificaciones o nos prepare compuestos más adecuados para nuestro perro. Aceites esenciales como la lavanda, pueden ayudar también a crear un ambiente más relajado. Y las feromonas, en difusor o collar pueden ser muy efectivas. Si las utilizamos, el difusor podemos ponerlo también en su sitio seguro unos días antes.

 

Silvia Esteve

Gatos y petardos

Llega el verano y con él las fiestas populares y las verbenas. Para nuestros animales y también para los que viven en la calle y en los parques, estas fechas de fiestas y fuegos artificiales se convierten en unos momentos de estrés y angustia. Desde Animalados hemos querido recoger los consejos de Rosa Sagués sobre perros y los de Clara Busquets para los gatos. En el artículo de hoy: gatos!

De la misma manera que haríamos con los perros, en el caso de los gatos deberíamos empezar esta desensibilización con muchos días de antelación. Se trata de acostumbrar a nuestro gato al ruido de petardos de forma progresiva, con grabaciones, empezando por sonidos de petardo muy suave e ir paulatinamente incrementando el sonido. Deberemos pensar que para que se puedan habituar bien necesitamos tiempo y dedicación.

Dado que ya tenemos muy cerca estas verbenas, os vamos a dar recomendaciones más inmediatas. Un par de horas antes de los fuegos artificiales, antes de las cenas de verbena, entre las siete y las ocho 8 de la tarde, empezaremos a cerrar puertas y ventanas (esperemos que tengáis aire acondicionado o ventiladores), y el gato o gatos, deberán quedarse dentro.

Pondremos la tele o música suave y ofreceremos un escondite al gato (si normalmente se esconde debajo de la cama, nos adelantaremos y le pondremos una mantita o toalla para evitar que se quede toda la noche en el rincón sobre la baldosa). Por nuestra parte, y para no incrementar sus nervios, actuaremos normal como si no pasara nada. Le ofreceremos premios y latita para convertir en agradable el momento.

Siempre pediremos consejo a nuestro veterinario antes de usar calmantes o ansiolíticos (si el calmante se da cuando el animal ya está aterrado, podemos obtener el efecto contrario al esperado y realmente el animal lo puede pasar muy mal).

Intentaremos cerrar muy bien la estancia donde esté el gato para amortiguar en todo lo posible el sonido. Podemos estar con él, hablarle suave, y sobre todo tener mucha paciencia. Si tenemos un gato que tiene muchísimo miedo, mejor no le dejaremos solo.

Desde Animalados queremos hacer también un llamamiento de concienciación hacia los animales, especialmente gatos de colonia, que viven en la calle o en los parques. Si celebráis cerca una verbena, no tiréis petardos donde haya animales. Ellos lo están pasando verdaderamente mal.

 

Silvia Esteve