Muere Jesús Mosterín, filósofo defensor de los animales

 

«Nuestra evolución se produjo allí, sobre la hierba y bajo los árboles, rodeados siempre de animales. Ese es el medio al que estamos especialmente bien adaptados y en el que mejor nos sentimos. A lo que todavía no nos hemos adaptado del todo es a vivir entre coches y máquinas y ruidos (…) El lugar ideal, el paraíso, siempre nos lo hemos imaginado bajo la forma de un parque o jardín con animales. En eso han coincidido también los mitos de las diversas religiones (…) la palabra paraíso proviene del latín paradeisos (…) pairi-daeza, que en el persa antiguo o avéstico significaba parque vallado con árboles y animales en libertad.»

 

Este 4 de octubre, Día Mundial de los Animales, nos ha dejado uno de sus grandes defensores, el filósofo Jesús Mosterín. ¿Tienen los filósofos cielo? Quién lo sabe. Lo que si esperamos es que este ciudadano del universo, que se sabía parte de este mundo y no su dueño haya vuelto a la naturaleza.

Presidente honorífico del Proyecto Gran Simio, luchador a ultranza por la erradicación de la tauromaquia, Mosterín nos deja, para los que seguimos inadaptados a la ciudad de ruido y asfalto, sus libros, sus palabras.

El triunfo de la compasión es una de sus obras, pero para aquellos que no conozcáis al autor y los que queráis introduciros en la historia del pensamiento animalista es una pieza fantástica. Mosterín recorre la historia de la filosofía, para buscar las raíces de este pensamiento, indagar sobre la postura de las diferentes religiones y creencias, y a la vez, aclararnos ciertos términos como «el mal», «el mal moral», «la ética»…

Entre las páginas de El triunfo de la compasión encontraremos las pioneras ideas de Bentham, los principios budistas, la posición de la iglesia cristiana, las teorías de Darwin… Ciencia, religión, filosofía… Mosterín busca entrar en todos estos saberes y descubrir qué los conecta.

Cómo también ahondar en nuestra conexión (y desconexión) con lo natural. Entender la comunión que se produce con la naturaleza, y entender y abogar por la compasión, y más allá de ella, la admiración hacia esta misma.

«Y no sólo valoramos lo que compadecemos, sino también lo que admiramos. De ahí que me parezca conveniente distinguir una perspectiva ecológica de la conciencia moral, que vaya más allá de la mera compasión, aunque desde luego, sin anularla ni disminuirla en modo alguno».

No llegué a conocer al autor, este deseo se quedó en el aire, con el típico «ya habrá tiempo». Y no lo hubo. Por suerte nos quedan sus palabras plasmadas en las hojas, hijas lejanas del mismo bosque al que Jesús admiraba y defendía.

 

Sílvia Esteve

Citas de El triunfo de la compasión, páginas 15 a 17 y 88, edición de Alianza Editorial

Cuando la savia se transforma en tinta

 

La cárcel en la que han metido al bosque

tiene las paredes de desierto, los barrotes

de asfalto, el techo de humo. Y el carcelero

es la ignorancia.

 

 

Joaquín Araújo derrama en las hojas de papel todo su amor por los bosques. A modo de pequeño diario y con anotaciones a mano, este pequeño libro desborda poesía.

La necesaria y vital poesía, hija como todo lo demás, de los bosques. Araújo nos interpela entre versos y aforismos, y nos suplica en esta carta de amor que no matemos al bosque.

Como el viejo Thoreau, nuestro escritor es un caminante. Caminante de la naturaleza, no del sendero. Caminante de las vidas, que son «múltiples» y «diversas» nos explica.

«¡Qué tristeza el que la Historia haya

sido, demasiadas veces, hacha!»

Plantemos más árboles porque cada libro

es también una herida en la arboleda

Atrapan nuestras inmundas

contaminaciones y en lugar de

incesantes letrinas en el aire ellos,

los árboles, las convierten en

belleza.»

«Plantemo árboles» nos pide Joaquín, quien ya ha plantado más de 20.000. El autor nos pide este pequeño y humilde gesto de gratitud hacia aquellos que son a la vez ancestros y futuro, los bosques.

Observo el presente, y pienso: a menos bosques, más conflictos, a menos arboledas, más violencia. A menos paseos, menos pensadores. La muerte del caminante es la muerte del bosque y la muerte del bosque la del caminante.

«He auscultado atentamente por si los

árboles tienen algún idioma: el único

que me interesa aprender.»

Os debemos todo, bosques, hasta las palabras. Al final del libro Araújo nos dibuja los carácteres japoneses para árbol, arte, talento, persona… y todos ellos comparten trazo. Si el lenguaje se acuerda no es justo que los que lo usamos olvidemos.

Sin ellos no hay aire que respirar, no hay vida que vivir, no hay mañana. Pero ni para ti ni para nadie. Hijos de la belleza, como en una tragedia griega, matamos a los padres, nos recuerda Joaquín. Pero este asesinato del origen, es golpe de muerte al futuro.

Poco puedo añadir a las palabras de quien fue compañero del gran Félix Rodríguez de la Fuente. Sólo pediros que escuchéis su poesía y sus plegarias mientras camináis por los bosques, los pocos que aún nos quedan.

«Nos extinguiremos por no ser solidarios

con lo que extinguimos, los bosques.

Un día no volverán las golondrinas

y, acaso, lo soportaremos

Otro día no volverán las hojas y no

podremos soportarlo.»

 

Sílvia Esteve

Citas de la obra Árbol, Joaquín Araújo, Gadir Editorial

Derecho a volar

 

La ONG ADDA (Asociación en Defensa de los Animales) ha organizado una exposición en la Biblioteca Bon Pastor de Barcelona para visibilizar el maltrato hacia las denominadas «aves cantoras».

Según informa ADDA, aún y estar prohibido a nivel europeo, en España «el Gobierno ha decidido continuar autorizando la captura de más de 1.300.000 pájaros cantores de las especies pinzón, pardillo, jilguero y verderón entre los años 2013 a 2018.»

 “Derecho a Volar” que se podrá visitar del 12 de Septiembre hasta el 17 de Octubre nos explica esta triste realidad. Estos pájaros son cazados y encerrados de por vida, aunque la mayoría mueren en el proceso de captura y adaptación, un 85%. Este terrible proceso tiene consecuencias gravísimas tanto para las especies afectadas como su entorno.

Como nos recuerda ADDA «los fringílidos están catalogados como especies muy beneficiosas para la naturaleza y la agricultura, pero se encuentran en estado de recesión debido a la presión de la caza, la pérdida de hábitats y la contaminación«.

 

Sílvia Esteve

«desÀrtic» : el espacio de arte siNesteSia y Greenpeace unen sus fuerzas para luchar por el Ártico

 

Montse Pérez, creadora del espacio siNesteSia y comisaria también de las exposiciones animalistas de «El Venadito», colabora esta vez con Greenpeace para concienciarnos sobre el deshielo del Ártico.

La muestra, que tendrá lugar en el Centro Cívico Sagrada Familia de Barcelona del 5 al 27 de diciembre, pretende mediante el arte concienciar al gran público de la importancia de conservar la región ártica y no incrementar la temperatura global del planeta, lo que ya está pasando, y lo que está provocando el deshielo de la zona norte.

Como bien nos recuerda Greenpeace, el deshielo del polo, no sólo implica desastres terribles en la zona, sino que repercute en todo el globo. En sus propias palabras: «la quema de combustibles fósiles es el principal causante del cambio climático, por lo que la solución pasa por acabar con la dependencia del petróleo. La prohibición de prospecciones, libre navegación comercial, acciones militares y pesca abusiva en su territorio son prioritarias».

La intención de Greenpeace es seguir presionando a todas las instituciones para que se cree una «reserva marina que salvaguarde el Ártico de cualquier acción intrusiva y salve ese espacio único del mundo».

La muestra exhibirá las 40 mejores obras de los artistas que se presenten a la convocatoria. Las obras se pondrán a la venta finalizada la exposición, el 80% de su importe es para el artista y el 20% será para Greenpeace. Ni siNesteSia ni el Centro Cívico Sagrada Familia perciben nada por la exposición.

Si quieres participar puedes mandar tu obra hasta el 29 de octubre. Aquí te dejamos las bases de la convocatoria.

 

Sílvia Esteve

Hijos de la aurora

 

…Y despertarse. ¿Donde

mejor que entre arboledas junto a un lago?

«Renuévate a ti mismo cada día».

Aquel hombre lo entiende,

y la mañana es siempre edad heroica.

Una Odisea vaga por el aire

con un vigor perenne de frescura

frente a una flor que nunca se marchita.

Su Genio a cada uno

le pone ante el suceso memorable:

La vida que le asalta y le realza.

«Los poetas, los héroes

son hijos de la Aurora»,

y en torno al pensamiento así ya elástico

-bajo la luz del sol-

todo el día mantiene

transparencia temprana.

Hombre: con firme expectación de aurora

Retornemos al mundo. ¿No es gran arte

modificar la cualidad del día?

 

 Culto de la aurora (Al margen de Thoreau);  Homenaje de Jorge Guillén

 

» En mi casa tenía tres sillas: una para la soledad, dos para la amistad, tres para la compañía» nos dice Thoreau en Walden. Doscientos años después del nacimiento de este gran pensador Antonio Casado da Rocha, profesor de la Universidad del País Vasco, se sienta en cada una de estas tres sillas para hacernos volver a Walden. Casado quiere detener nuestros pasos, descansar nuestra fatigada y saturada mente e invitarnos a caminar de nuevo, a recorrer los bosques de Maine y los nuestros con una nueva forma de mirar y percibir.

En 1845 Henry David Thoreau abandona su ciudad de Concord para residir durante dos años, dos meses y dos días en una cabaña construida por él a orillas del lago Walden. Como el mismo autor explica en su libro, se tratará de un experimento, no de una huida.

Volver, pero no con la frente marchita, volver a casa, al hogar, con la mente abierta y los sentidos atentos. Volver, con los pasos, la mente y el corazón. Volver para poder ir. Dicen que para avanzar se necesitan dos pasos para atrás y uno para adelante. Dos pasos, dos años, dos meses y dos días.

El filósofo que camina. Thoreau es sobre todo un filósofo del camino y del caminar. Del movimiento y del reposo. Del fluir de la vida. De los ríos, montañas, árboles y animales. Su pensamiento no es pura teoría, no es un divagar abstracto y lejano. Thoreau nos habla del hoy, de ti y de mi. De nosotros, juntos, mundo, tierra. No hay humanidad separada de naturaleza. Somos un todo.

Y lo habíamos olvidado, o mejor quizás, nos lo habían hecho olvidar.

La Revolución Industrial, los nuevos avances técnicos y científicos, sus ideologías políticas y económicas pretendían separarse en este fin del XIX de su origen. Una separación que implicaba aniquilación y utilización. Esclavitud. Superioridad.

La casita de Thoreau, aunque con sus paredes, nos habla de lo que hay afuera. Su madera, reciclada y aprovechada de viejos árboles caídos, son una transición, no una barrera.

Habita en mi, parece susurrarle el campo al filósofo. Habita en mi pero no me destruyas. Edifica un futuro donde viva mi presente. Practica la filosofía, que no es nada más que una pequeña guía para resolver los problemas de la vida, no intentes tanto explicar el mundo como preservarlo. Pero sobre todo: vive.

«El camino de la filosofía nos saca del aula, nos lleva a la calle y al campo abierto, tal vez al bosque, tal vez a lo salvaje» reflexiona Casado da Rocha.

En las páginas de Walden, entre sus anotaciones de economía de la sobriedad, Thoreau nos habla de la verdadera riqueza. La que no se paga con monedas. La libertad, el tiempo, la naturaleza. «Cultiva el tiempo», «influye en la calidad del día», nos apela Thoreau.

Paso a paso, respiración tras respiración. Contemplando. Detente, escucha, observa. No solo estás tu. El mundo está vivo, lleno de otros yoes. Y no son humanos. El mundo está lleno de otros hogares. Y no son humanos. ¿Quién eres tú para aniquilarlos? ¿Para destruirlos?

Thoreau es asímismo poeta, apóstol de la Belleza. La belleza del mundo. Un mundo que se despierta con cantos de pájaros, el nadar de los peces, el corretear de los ciervos. ¿Pero cuántos amaneceres quedan así? Al ritmo de destrucción de hoy en día, poquísimos.

Doscientos años más tarde, Antonio Casado da Rocha vuelve a Thoreau, vuelve a Walden, para hacernos reflexionar. Nos trae unos anteojos del pasado para ver bien nuestro presente. Y nos apunta con el dedo, en la misma dirección que el maestro ambulante: «Influye en la calidad del día» o al menos inténtalo. Tu cambio, tu pausa, tu meditación, tu reflexión pueden perpetuar la belleza. Sé hijo de la aurora y retorna al mundo.

 

Artículo de Sílvia Esteve

Una casa en Walden de Antonio Casado da Rocha, editado por Pepitas de Calabaza