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¿Es legítimo lamentar la muerte de un perro en medio de la barbarie terrorista?

La muerte de un perro durante un operación antiterrorista en Francia vuelve a abrir el debate sobre la importancia de la vida de un animal, como ya ocurrió con Excalibur y el ébola

El viernes murieron 120 personas por culpa de diferentes atentados terroristas en París. Este miércoles han muerto dos más, presuntamente terroristas, cuando la policía las iba a detener. Mientras Europa prueba de recuperarse del choque que estos atentados han supuesto, Francia ya ha comenzado a bombardear Siria, junto con Rusia y Estados Unidos. Todo ello, en medio de una dramática ola migratoria que afecta a miles de refugiados. Familias enteras que huyen del odio del Estado Islámico para quedar atrapadas entre las vallas de la indiferencia europea. En pocas semanas, el mundo se ha vuelto mucho más peligroso y mucho más triste. El odio parece gobernar el mundo.

Es lícito, en este contexto, lamentar la muerte del perro policía que voló por los aires cuando entró en casa de una mujer que se inmoló? No es demasiado grande la magnitud de la tragedia como para ponerse a lamentar la muerte de un animal?

El debate está vivo en la red, y recuerda, aunque con diferencias evidentes, el que motivó el sacrificio de Excalibur, el perro de la enfermera madrileña que contrajo el ébola.

Diesel, la pastora belga de siete años que ha muerto durante la operación terrorista en Saint-Denis no vale lo mismo que las víctimas de los atentados. Ni siquiera vale lo mismo que la mujer que se inmoló, por muy terrorista que pudiera ser. Un perro es un perro y una persona es un animal de nuestra misma especie. La diferencia es indiscutible. La capacidad de empatizar con un miembro de nuestra misma especie es infinitamente superior. Lloraré más la muerte de mi perro que la de algunas personas, estoy convencido, pero esto no tiene nada que ver. Si prefiriéramos la supervivencia de otra especie antes que la nuestra estaríamos acabados.

Aclarada esta prioridad, me siento con la necesidad de lamentar la muerte de Diesel con todas mis energías y celebro que la red se haya volcado a lamentar su pérdida. Por un lado, porque su muerte ayuda a recordarnos todo el trabajo que los perros (y tantos otros animales) hacen por nosotros: guían a las personas ciegas, rescatan a las víctimas de terremotos y otros accidentes, buscan drogas, armas y explosivos. Y dan la vida por nosotros. Ser conscientes de la ayuda que nos dan (que no prestan) los animales puede facilitar que los tengamos más en cuenta en el día a día y les reconozcamos sus derechos. Les debemos mucho.

Pero el principal motivo por el que creo que es muy importante lamentar la pérdida de un perro en un momento así, es porque cuando la humanidad tiembla, cuando parece que somos la peor especie que jamás ha pisado la tierra, es cuando hay que ser más generoso. Es cuando hay que ser más humano. Lamentar la muerte de Diesel no quiere decir que no se lamente también la muerte de las otras víctimas. Pero se debe hacer. Porque, sin lugar a dudas, la humanidad se refuerza como más generosos somos con el resto de seres vivos. Cuando abandonamos el egoísmo. Cuando somos capaces de tener empatía con los otros seres vivos que no son de nuestra especie. Hay que respetar a los animales para reforzar la humanidad.

Jordi Mumbrú