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Perros y petardos

 

Llega el verano y con él las fiestas populares y las verbenas. Para nuestros animales y también para los que viven en la calle y en los parques, estas fechas de fiestas y fuegos artificiales se convierten en unos momentos de estrés y angustia. Desde Animalados hemos querido recoger los consejos de Rosa Sagués sobre perros y los de Clara Busquets para los gatos. Empezamos hoy por los canes.

 ¿Cuáles son los preparativos previos al día de San Juan?

La reacción a ruidos desconocidos es un comportamiento normal (sobre todo cuanto más intensos e imprevisibles son) y lo más probable es que busque un lugar donde esconderse. Normalmente preferirá un lugar pequeño y oscuro, como una madriguera. Algunos perros por ejemplo se esconden debajo de la cama. Otros prefieren la bañera, ya que este material aísla del ruido, los baños además suelen tener ventanas pequeñas y rara vez dan directamente a la calle.

Durante los días previos a la verbena podemos crear en casa un lugar seguro donde pueda refugiarse. Hay que buscar un lugar tranquilo de la casa. Serán mejores las habitaciones interiores de la casa y sin ventanas. Podemos poner su camita y darle cosas para roer o hacerle buscar premios para que se encuentre a gusto en este lugar, siempre de forma muy tranquila.

Si está habituado al transportín podemos utilizar este como refugio, tapándolo con alguna manta o edredón para aislarlo más del ruido y la vibración del aire. Es importante retirar la puerta para que pueda entrar y salir cuando quiera y dejar abierta también la puerta de la habitación por si decide cambiar de lugar.

Si somos unos manitas podemos hacerle expresamente una cabina acústica. En las tiendas de bricolaje encontraremos materiales no demasiado caros que aíslan del ruido. Otra cosa que podemos hacer es habituarlos a los chalecos anti-estrés, o las vendas de Tellington Touch. Tanto en el caso de la zona segura como con los chalecos hay que tener en cuenta que se deben introducir siempre de forma muy progresiva y agradable. Es algo que en ningún caso se puede forzar ya que esto tendría un efecto contraproducente. Si no sabemos cómo realizar la habituación es mejor pedir ayuda a un educador canino.

Ayudaremos también a nuestro perro si hacemos que durante estos días todo sea lo más tranquilo posible y bajamos con él nuestro nivel de exigencia. Debemos procurar que los paseos sean tranquilos y sin tensión de la correa, y tratar de salir a la calle a horas que no haya mucho revuelo. El exceso de control o abuso de actividades que a menudo hacemos con la intención de » cansar » al perro, pueden tener el efecto contrario. Ejercicios de obediencia, salir a correr, el juego brusco con nosotros u otros perros u otros tipos de juego que potencian las pautas predatorias como jugar a la pelota, en especial si no hemos facilitado los períodos de descanso convenientes en medio, aumentan los niveles de estrés del perro y en consecuencia disminuye su capacidad de gestión ante situaciones imprevistas.

A estas alturas muchos perros habrán escuchado ya petardos cerca de casa, y es posible que salgan a la calle más alerta de lo habitual. Si el perro ya no quiere ni salir de casa no debemos forzar, saldremos sólo hizo sus necesidades y basta. Si el perro ya está muy sensibilizado hay que evitar la exposición a los petardos lo máximo posible, y si es necesario, y si tenemos la opción, una buena opción es irse unos días lejos de estas fiestas. Los miedos se generalizan con facilidad, son como una bola de nieve que puede hacerse más y más grande. Superarlas es un proceso que requiere tiempo y paciencia, y es algo que ahora mismo no podemos improvisar.

¿Los podemos aclimatar ya desde cachorros?

Si, pero tenemos que saber cómo hacerlo. Cada etapa evolutiva del perro tiene su función, y dependiendo de su estado de maduración habrá cosas que quizás, aunque siempre han estado en un determinado lugar, de repente pueden tener una relevancia especial. Esto hace que haya varios periodos en que es más fácil que adquieran miedos.

Cuando tenemos un cachorro la mejor manera de que se convierta en un adulto seguro de sí mismo es promover su interés natural por el entorno y conseguiremos que así sea si le hacemos conocer las cosas de la forma más amable y progresiva posible, evitando el exceso de control y los métodos educativos basados ​​en el castigo que minarán su confianza en nosotros.

Si somos previsibles y sabemos atender a sus necesidades reales siempre seremos su primera opción, en la que podrán recurrir ante situaciones de peligro. Es posible también que perros de edad avanzada empiecen a manifestar miedo a los petardos. Esto puede ser debido a diferentes factores. Dolor, inestabilidad o deterioro cognitivo son diferentes elementos que pueden causar estrés a nivel físico o psíquico ya que reducen su grado de autoconfianza y los hacen más sensibles a determinadas situaciones.

También hay que tener en cuenta que determinados perros son más sensibles al entorno por naturaleza, pero también juega un papel fundamental el estado emocional de base en que se encuentren. Por ejemplo perros recién adoptados que todavía no se han habituado al nuevo hogar pueden ser más susceptibles a desarrollar miedo a los petardos.

¿Cómo podemos vehicular su miedo cuando estamos en la calle?

Nuestro primer objetivo debe ser »quitar hierro» a la situación. Si el perro ve que nosotros estamos tranquilos la estamos ayudando a normalizar este estímulo, y cuanta menos importancia le damos menos le dará él.

Si vamos por la calle y nos tiran un petardo cerca lo más normal es que el perro quiera huir. Normalmente querrá volver a casa y es lo que tenemos que hacer: sacarlo de la situación de la forma más calmada posible y acompañarlo hasta su lugar seguro. Por cuestiones de seguridad es importante durante estos días intentar no llevarlo desatado. Podemos utilizar una correa larga para que tenga la mayor libertad posible.

¿Y cuando estamos en casa, ¿cuál debe ser nuestro comportamiento? ¿Es bueno protegerlos o es mejor dejar que se escondan donde crean seguro?

Lo más importante es respetar su reacción natural, no forzar nada y, sobre todo, evitar ser invasivos. Si el perro quiere esconderse, si ladra o se mueve de un lugar a otro le tenemos que dejar. No debemos intentar corregir o castigar ninguno de los comportamientos que pueda mostrar ante el miedo.

Si busca nuestro contacto o se siente más seguro subiéndose a nuestro regazo debemos responder a su demanda, pero sólo si él lo pide. Es muy importante que él sepa que estamos aquí para ofrecerle nuestro apoyo, siempre de forma muy tranquila y más bien sin dar muestras de afecto exageradas.

Sobre todo tenemos que ser muy conscientes de que nuestro estado emocional incide directamente en el del perro. Nuestra preocupación, aunque sea con la mejor intención, puede ser un factor que puede alimentar la preocupación del perro Si estamos preocupados estamos reafirmando al perro que realmente nos encontramos en un estado de emergencia.

Podemos quedarnos con él un rato en su lugar seguro hasta que se tranquilice. Podemos bajar las persianas y poner música para enmascarar el ruido. Hay músicas específicas que se pueden encontrar a nivel comercial.

¿Son realmente necesarias las pastillas para relajar?

En casos graves los ansiolíticos pueden ayudar a modular la reacción emocional del perro. Reaccionará igualmente, pero se verá afectado con menos intensidad. Antes de utilizar cualquier fármaco hay que valorar siempre si es realmente necesario con nuestro veterinario y nunca administrarlo sin su supervisión para asegurar que la dosificación sea la adecuada a su peso y tamaño, y que el estado de salud del perro lo permita.

Antiguamente se habían utilizado sedantes o relajantes musculares que paralizaban al animal mientras seguía plenamente consciente. Estos además pueden aumentar la sensibilidad auditiva, con lo cual la experiencia puede ser aún más traumática. Hay que evitar este tipo de fármacos.

¿Hay alguna alternativa natural?

Nutracéuticos como el triptófano, normalmente combinado con vitamina B y / o teanina, (Zeus, Kalm-Aid, Adaptyl) o el alfa-casozepina, derivada de la proteína de la leche (Zilkene) pueden ser efectivos pero tenemos que empezar varias semanas antes y ahora mismo ya sería un poco justo. Como siempre, hay que consultar previamente al veterinario.

Podemos ayudar a nuestro perro también con remedios de fitoràpia (valeriana, hierba de gato), homeopatía o flores de Bach. Hay que consultar un veterinario de medicina natural para que nos indique las dosificaciones o nos prepare compuestos más adecuados para nuestro perro. Aceites esenciales como la lavanda, pueden ayudar también a crear un ambiente más relajado. Y las feromonas, en difusor o collar pueden ser muy efectivas. Si las utilizamos, el difusor podemos ponerlo también en su sitio seguro unos días antes.

 

Silvia Esteve

El problema está en el “ellos”

 

“Pero este ser humano que sólo ve la naturaleza como una fuente de recursos, como un instrumento que sirva a sus deseos, puede convertirse en un ser aún más peligroso. Cuando el ser humano descubre que hay fuerzas de la naturaleza que no puede dominar, animales que no puede domesticar, recursos que no puede controlar, cuando la naturaleza más salvaje se resiste a su poder, e incluso le ataca y le recuerda su fragilidad, el ser humano es capaz de perder todo uso de razón y olvidado ya de obtener de la naturaleza beneficios y provechos, lo único que ansía es la destrucción completa de quien se le haya resistido”

Artículo de Marta Tafalla en De animales y hombres, Studia Philosophica*

 

Puede que sorprenda que los dos documentales de los que hoy haremos el comentario no sean específicamente sobre los otros animales sino sean sobre nuestra propia especie.

No nos sorprenderá tanto si ya los hemos visionado y en ellos hemos reconocido los mismos mecanismos de explotación que seguimos aplicando a las otras especies, y, en 2018, a la nuestra propia.

El problema quizá siempre ha estado en el “ellos”, en la distancia que nos separa del otro. Esa distancia que permite al agresor aprovecharse de tu ser, usarlo o aniquilarlo, ya seas caballo, perro u hombre.  

No sólo lo intentamos con los que no se pueden defender. Nuestra especie ha intentado imponerse a los “otros” aunque contaran con las mismas ventajas a la hora de defenderse, como es el caso de muchas guerras. ¿Pero qué pasa cuando el otro no puede o no quiere defenderse, cuando no entiende el mundo de la misma manera violenta que el atacante?

El abrazo de la serpiente y El botón de nácar nos presentan esta situación.

Empezaremos por El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra. Esta ficción construida como un falso documental (la historia es real) nos explica las peripecias de dos científicos occidentales, el primero el alemán Theodor Koch-Grünberg y el segundo el estadounidense Richard Evans Schultes. Koch-Grünberg fue etnólogo y explorador y sus expediciones permitieron conocer a pueblos nativos sudamericanos, en especial aquellos que vivían en la zona amazónica. La expedición que se nos relata en el film es la de 1909. Richard Evans Schultes fue biólogo especialista en botánica y en 1940 se embarcó en la aventura de ir a buscar una planta del caucho capaz de resistir mejor las plagas y las enfermedades, para así poder abastecer al ejército de los EEUU durante la IIGM. Evans sigue los pasos de Koch, quien se sospecha que había dado con esta planta.

Imagen del film «El abrazo de la serpiente». Theodor Koch-Grünberg una de las tribus.

Ambos personajes recorrerán los mismos espacios y tendrán como nexo de unión al indio Karamakate, nativo que ha decidido vivir aislado huyendo tanto de los occidentales como de los propios miembros de su tribu, capturados o seducidos por los extranjeros.

Podríamos entrar en más detalle en la sinopsis e historia real que hay en este film, pero nos centraremos en el triste mensaje que esta ficción nos trae.

Gracias a los dos viajes por la selva amazónica, el de 1909 y el de 1940 podremos observar, como aquél que pisa el terreno de batalla de una guerra, los estragos del colonialismo.

El film nos lleva más allá de lo físico (zonas de selva arrasadas, poblados destruidos, árboles mutilados…), nos lleva al daño que permanece, el moral, el psicológico.

Karamakate recrimina a los dos expedicionarios que ellos han traído el mal a sus tierras, que no respetan nada de la naturaleza, que no la tratan como un ser superior, que no la quieren ni tienen ningún vínculo más que el de explotarla. La figura de Karamakate es confrontada con la de Manduca, el indio nativo ex-esclavo de las caucheras que acompaña a Theodor. Manduca defiende que si no se acercan a los extranjeros y les enseñan el valor de sus tierras y sus pueblos nunca lo aprenderán y seguirán con la misma actitud agresiva.

Educar al colono, huir del colono o enfrentarse al colono… A día de hoy ya hemos visto cómo han acabado la mayoría de tribus y cómo se sigue explotando estas tierras. Aún y los muchos apuntes de estos investigadores no creo que se llegara a forjar un vínculo real con las selvas que estudiaban.

Tanto para Theodor como para Richard, el Amazonas y sus tribus forman parte de lo exótico, lo ajeno. Y aunque ambos personajes chocan con la cruda realidad

Imagen del film «El abrazo de la serpiente» Karamakate

que los explotadores de sus propios países han traído, sobre todo los caucheros y las misiones religiosas, siguen sin poder penetrar ni pertenecer a este mundo que ahora destruyen. Siguen queriendo algo de él, no queriéndolo.

La curiosidad mató al objeto del curioso. El propio Alexander Von Humboldt contribuyó de una manera increíble a la nueva visión sobre la Naturaleza, a su respeto. Pero lo hizo llevándose por delante las vidas de miles de animales que enjauló y secuestró de sus hogares para estudiarlos.

De la misma manera se trató a estas tribus: se explotó sus tierras, se les esclavizó, se les hizo arrodillarse ante un dios que nada se parecía a su serpiente-río. Se les violó.

Y de las tribus del río Amazonas a los pueblos del mar del sur de Chile. El botón de nácar, precioso documental del aclamado director de Nostalgia de la luz, Patricio Guzmán, nos trae, como ya hizo en su primer film, una obra que aúna dos tiempos distintos a través de un elemento natural y a través del dolor de un pueblo. Guzmán vinculará el mar con las tribus costeras del sur de Chile y con los vuelos de la muerte de la dictadura de Pinochet.

Imagen del film «El botón de nácar» Cacería de indígenas.

Pocos conocíamos las historias de las etnias de la Patagonia. Pueblos de navegantes que vivían en comunión con el océano y sus pequeñas islas. Pocos sabíamos cómo llegó su fin. La muerte vino de su propio país, cazadores de nativos recibían recompensas por sus cuerpos, por partes de sus cuerpos.

Y otra vez la cruz de un nuevo dios trajo consigo la crucifixión de sus vidas. Todo lo que conocían les fue prohibido. Les vistieron con ropas que no les pertenecían trayendo con ellas enfermedades que los diezmaron. Les prohibieron hablar sus lenguas. Les prohibieron acercarse al mar.

Pocos de ellos quedan vivos. Pocos que nos puedan contar en su lengua sus viajes, los nombres reales de las islas, las rocas, sus propios nombres.

El problema siempre fue el “ellos”. El que no pertenece a mi grupo, el que es diferente a mí. Aquél a quien no puedo entender. Aquél que ni siquiera necesita abrigo ante el frío o Dios ante la adversidad.

Cuánto miedo a estos pueblos fuertes. Cuánto miedo a estos pueblos que se reconocen temerosos de la naturaleza. Cuánto miedo a los que veneran al mar, al viento, a la montaña. Que respetan sus animales y sus plantas.

Miedo al que reconoces como libre. Miedo a lo que reconoces como libertad.

 

Sílvia Esteve 

*p.148-149, De animales y hombres, Studia Philosophica, ed. Asunción Herrera, Biblioteca Nueva, Ediciones de la Universidad de Oviedo, 2007, Madrid

Imagen de portada: Imagen del documental «El botón de nácar»

Saltando las vallas de la injusticia

Por mí se va, a la ciudad doliente;

por mí se va, al eternal tormento;

por mí se va, tras la maldita gente.

Canto III, Vestíbulo, La Cobardía, La Divina Comedia de Dante Alighieri

 

El domingo por la noche el equipo de Salvados cruzó una de las puertas del infierno. Un infierno de cemento, alhambre, suciedad. Un infierno diseñado y mantenido por el hombre. Un infierno tolerado por éste.

Saltaron la valla que separa físicamente este espacio de dolor del resto del mundo. Pero también saltaron la valla que les y nos separa emocionalmente.

La tarea del periodismo es mostrar la realidad del mundo, para que sea modificada cuando ésta sea injusta y cruel. Del mundo, no sólo de una pequeña parte de él.

La luz de la cámara enfoca en mitad de la oscuridad la mirada de otro ser, igual a mí en su derecho a vivir, al que reduzco a su peso en carne, a su peso en monedas. El micro de la cámara recoge sus gritos de terror y agonía. No hace falta hablar su idioma para traducir el mensaje de socorro.

Jordi Évole y todo su equipo nos han mostrado las miserias que esconde, o ni siquiera se esmera en esconder, el sector cárnico. Animales maltratados hasta su muerte. Trabajadores explotados y ninguneados. Ilegalidades toleradas que dan altos réditos a los que no se ensucian los zapatos.

Para aquél a quien la mirada del cerdo no le acabe de convencer, están también los datos. El 99% del cerdo es industrial. 7 millones de cerdos mueren en las granjas antes de llegar a los mataderos. La producción del 84% de los medicamentos en España va destinada a los animales de consumo. Se consumen 46 millones de cerdos al año. Existen 90.000 granjas de cerdos en España. Sólo 155 son ecológicas.

Números, números con muchos ceros. Cero, la importancia que la mayoría de las personas dan a la vida y bienestar de estos animales. De la mayoría de animales, incluida la especie humana.

«Son monstruos» exclama Évole en el interior de esa sala de la barbarie al contemplar algunos individuos deformes. No Jordi, aunque entiendo tu expresión, déjame que te corrija. Monstruos son los que los mantienen así, cautivos y moribundos.

Gracias compañeros, gracias por este reportaje. Mucho camino queda por delante, mucho. Pero el domingo por la noche, al entrar por las puertas del infierno no dejastéis fuera la esperanza.

Sílvia Esteve

Atrévete a conocer

 

Elefantes, leones, caballos, peces, aves, hasta dinosaurios son los protagonistas de la mayoría de las habitaciones infantiles. Cuando los padres esperan a su hijo o hija, en aquellos momentos de máxima ilusión, llenan de animales la futura estancia de los pequeños. Animales que, con casi total seguridad, sus hijos no llegarán a ver nunca en su propio hábitat o que directamente ya no existirán.

Carl Safina hacía esta misma reflexión en la presentación de su libro Más allá de las palabras en el CCCB, «a los seres que más queremos les recibimos con un mundo lleno de animales.»

Pero, ¿qué sentido tiene, entonces, toda esta decoración para aquellos que pasamos el 99% de nuestras vidas pisando asfalto? Respondiendo con las palabras del filósofo Jesús Mosterín «porque todavía no nos hemos adaptado a la vida en la ciudad« y yo añado, porque esta vida, con su rutina de gris cemento no nos parece un lugar donde vivir con nuestros seres queridos.

Atlas de los Animales

La necesidad de reconectar, de volver, de invocar a la naturaleza es tan potente todavía en nosotros, homo sapiens urbis, que intentamos, al menos, rodearnos de sus espectros, sus imágenes, sus símbolos.

Desde Babilonia hasta hoy seguimos protegiendo lo que más queremos con leones, ¿pero quién protege al león? Deberán ser justamente estas nuevas generaciones.

«Protegemos lo que amamos» decía Jacques Cousteau, «amamos lo que conocemos» añadíamos hace poco en Animalados.

Debemos entonces seguir conociendo. Conociéndonos.

Es por este motivo que dos libros infantiles nos acompañan hoy en nuestra sección: El Atlas de los animales para colorear y Este pollo es un tiranosaurio.

Al pálido mundo se le combate con colores. Puede parecer un acto simple y sin más repercusión que el puro ocio, pero ¿acaso no recordamos nuestros días de infancia, cuando sólo con un lápiz de color inventábamos nuevos mundos o viajábamos a países extraños poblados de animales fantásticos?

Cuando hacíamos todo esto lo hacíamos con el corazón.

Mientras nuestros pequeños y pequeñas colorean al lobo, al elefante, a la vaca, al ciervo, entienden que estos animales existen y tienen un hogar. Los conocen. Los quieren. Y en esta presentación a todo color aprenden que este planeta es hogar de todos.

Los preciosos animales de este atlas no se incluyen en ninguna receta, no son tela para ningún abrigo, no están encerrados en jaulas o acuarios. Son ellos en sus espacios.

Y si la primera obra alude al dónde, en el segundo caso, Este pollo es un tiranosaurio, se centra en el quién, y lo hace desde un punto de vista realmente importante para los niños: el quién es mutable, no es estático. Somos el fruto de la evolución. Hijos de los hijos de unos primeros seres que en nada se parecían a lo que hoy, de momento, somos.

Este pollo es un tiranosaurio

Comprender que tú también tienes parte de otro ser, que nunca has dejado de ser el otro es fundamental para mantener viva la empatía.

Las aves son las sucesoras de algunos dinosaurios; los caballos, los hipopótamos y los tapires están emparentados; los cocodrilos son de las especies, como el tiburón, más antiguas del planeta.

Este pollo es un tiranosaurio aprovecha la pasión que genera nuestra curiosidad y nos muestra un mundo de conexiones. Hibridando datos científicos y anécdoticos transmite al pequeño algo fundamental: la duda, la pregunta. ¿Cómo es el mundo? ¿Quiénes son los otros seres?¿Qué soy yo?

Sapere aude, atrévete a conocer. ¿Y qué mejor puerto para partir hacia la aventura que un libro?

 

Sílvia Esteve

Este pollo es un tiranosaurio, ilustraciones de Román García Mora 

El Atlas de los animales para colorear, ilustraciones de Giulia Lombardo

Ambos editados por VVkids

desÀrtic: arte contra el cambio climático

«Lo único que impide a Dios enviar un segundo diluvio es que el primero fue inútil» Nicolás de Chamfort

 

«Las peores previsiones apuntan a que en 2025 pueda haber veranos sin hielo en el Ártico» apunta Pilar Marcos de Greenpeace en la presentación de desÀrtic, la exposición que han organizado conjuntamente con siNesteSia y Centre Cívic Sagrada Familia.

¿El Ártico sin hielo? Sí, un ártico sin hielo, y sin las vidas que a él van ligadas.

Descongelarnos. Descongelar nuestros corazones, desescarchar nuestra mirada. Esa es la intención de la muestra artística desÀrtic. Comisariada por Montse Pérez, creadora del espacio de arte siNesteSia y comisaria también de la muestra solidaria contra el maltrato animal El Venadito, desÀrtic ha unido a 60 artistas que con sus obras denuncian y evidencian la situación del polo norte. El 20% de cada venta irá a la ong ecologista.

En pequeños rectángulos de 15x15cm cada artista ha depositado su mensaje de SOS. Si el barco del ártico se hunde, nos hundimos todos. Como nos comenta Montse Pérez «buscaba realizar una muestra muy homogénea, con obras que compartiesen tamaño y temática, para poder partir de la idea de que el Ártico somos todos».

El Ártico somos todos. No es «de» todos. Hay que eliminar la propiedad. No nos pertenece, ni nos sirve. Somos una especie más del planeta. Nuestro egoísmo, nuestras ansias de posesión solo hacen que contribuir a su muerte y degeneración.

Gema Labayen nos lo explica perfectamente en su obra Aprovecha el deshielo. Una de las grandes miserias de la especie humana es que le pone precio a todo. Todo se vende. Incluso la destrucción. Si empezáramos a vivir la vida y no a poseerla, todavía tendríamos la compañía de muchas de las especies a las que hemos aniquilado.

Especies. Allí, en la distancia. Las palabras pueden construir muros muy altos. Si pensamos en la especie del zorro polar, quedamos lejos, muy lejos de él. Las taxonomías, las clasificaciones, nos ayudaron a ordenar el mundo, pero no a empatizar con él. Yo humano te doy nombre, y en ese nombrar nos atribuimos en cierta manera su creación. El problema es que en nuestra particular «creación del mundo» en el séptimo día no descansamos y admiramos aquello creado, en el séptimo día empezamos a destruirlo. A destruirnos.

«El mal gana cuando los buenos no hacen nada» dijo Edmund Burke. Hagamos pues, sigamos haciendo, algo.

Más de 8 millones de personas han firmado ya el manifiesto de Greenpeace para salvar el Ártico, petroleras como Shell han abandonado sus prospecciones, y se han creado moratorias de pesca. Pero el Ártico sigue en peligro. Otras muchas empresas planean su explotación. Es hora de declarar el Ártico zona protegida.

«Feliz Navidad» de Iribú, nos encara con este oso polar, que recoge entre sus dientes una postal. Un gran oso que hace equilibrios en el pequeño trozo de hielo que le queda. Les hemos dejado las sobras del planeta. Lo que queda. Obligando a animales tan majestuosos como los osos a mendigar comida.

Y eso sin casi poner un pie en sus tierras. La aniquilación de este ecosistema está siendo en gran parte a distancia. Mi día a día, y el tuyo, contribuyen a su desaparición. Nuestro consumo les consume.

Al fondo de la sala, el video de Ludovico Einaudi nos acompaña en la visita. El músico navega con su piano por las aguas del Ártico, poniendo banda sonora al deshielo. A un final anunciado. Si no quieres que su música sea un réquiem por el Ártico, actúa. Descongélate, para congelarlo de nuevo. 

 

Silvia Esteve

Más info sobre la exposición y sus actividades

Foto de portada: «Vulnerable» de Teresa Such