Adoptar un perro: una ayuda recíproca

Conoce cuáles son los beneficios de compartir tu vida con un perro, una experiencia única que conlleva una ayuda recíproca.

Adoptar un perro, sobre todo si se trata de un perro ya adulto, es una decisión que nos plantea muchas incógnitas, sobre todo en referencia a su carácter: si será desconfiado o agresivo debido a malos tratos anteriores o si se adaptará perfectamente a nuestra familia. Es verdad que la gran mayoría de los animales que se encuentran en las protectoras, proceden de experiencias muy desagradables y que esto posiblemente los hace al principio estar irascibles, inquietos o temerosos… Pero también es cierto que suelen ser animales muy nobles que con un poco de paciencia y mucho amor de nuestra parte, devuelven con creces su gratitud por haberles dado una segunda oportunidad y una vida digna.

Pero no sólo con la adopción les daremos una mejor calidad de vida a ellos, sino que también ellos nos aportarán muchos beneficios a nosotros, ya que está demostrado que tener un perro:

– Te vuelve más activo, por la obligación de sacarlos a la calle al menos tres veces al día. Esto nos obliga a levantarnos del sofá y hacer largos paseos con ellos. Pero no sólo eso. Está demostrado científicamente que los propietarios de perros se vuelven más activos que los que no tienen, también en el resto de facetas de la vida.

– La compañía de los animales te hacen ser más optimista, ya que suelen estar siempre contentos y con ganas de juego. Acariciarlos además, desestresa y disminuye la ansiedad y la depresión.

– Para las personas mayores suponen una ayuda para combatir la soledad, porque se convierten en amigos y compañeros fieles.

– Previenen las alergias y los resfriados. Los niños que crecen con animales de compañía tienen menos posibilidad de sufrir enfermedades, porque su sistema inmunitario se vuelve más fuerte, al estar expuestos constantemente a animales.

– Son muy recomendables también como terapia para personas discapacitadas, con autismo o problemas neurológicos. Ayudan a aumentar la autoestima y las personas se hacen más responsables, porque tienen un animal a su cargo que depende de ellos.

– Ayudan a socializar. Conoces a mucha gente nueva cuando los llevas a pasear o al veterinario. Es muy fácil entablar una conversación cuando hay animales para medio.

Fuente: Eva Remolina/AMIC

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