La dura labor del voluntario

 

Yo era mucho más feliz antes de ser voluntaria en un refugio para perros y gatos.

Sabía que existían “los malos” que abandonaban perros pero creía que no eran tantos ni sabía de la enorme maldad de otros para maltratarlos. En más de doce años de voluntariado he conocido los casos de los perros que llegan a nuestro refugio y al adentrarme en el inabarcable mundo de las difusiones he sabido también de los de otros refugios, que siendo honesta, viven realidades muchas veces más terribles que los que llegan al mío; supongo que al ser en la misma ciudad en ocasiones, la diferencia es que ellos llegaron antes que nosotros.

Recuerdo los comienzos como voluntaria de campo, así llamamos a los voluntarios que cada día de la semana y en su turno, van a atender en el refugio físico a los perros: limpiamos sus parcelas, reponemos agua, les damos de comer, curamos sus heridas y jugamos con ellos.

Mi turno era el viernes por la tarde. El mejor momento de la semana era cuando abría la puerta del refugio y ya podía escucharles ansiosos por salir a correr por el jardín. Mis compañeras de turno y yo pasábamos toda la tarde con ellos y cuántas veces con linternas porque se nos hacía de noche allí. El peor momento era el de cerrar la puerta y arrancar el coche dejando allí a los que a veces han sido incluso más de setenta perros.

Las ganas de vaciar el refugio me hicieron involucrarme en las difusiones y adopciones, creyendo inocentemente que llegaría el momento en que no entrarían más porque el abandono terminaría… ¡Alma cándida!

La emoción cada vez que uno salía adoptado es lo que hacía que el tiempo que invertía en difundir sus casos fuera cada vez mayor, y ese trámite conocido como “entrevista pre-adopción” o “preseguimiento” ha sido el culpable de que hoy conozca a muchos otros “animalistas” como yo.

Foto de DogsBCN dogsbcn@gmail.com

¡Cuántos refugios, cuántos perrunos, cuántos locos de los perros… y cuánto desequilibrado también!

De la misma manera que he conocido gente estupenda, implicada y resolutiva, he conocido a voluntarios incalificables que han pisado adopciones de mi refugio para que fuera adoptado uno del suyo… mi alegría por saber que un perro es adoptado no me deja distinguir si forma parte del mío o de otro.

También me sorprenden asociaciones que exclusivamente recogen y difunden perros de una determinada raza, sabiendo incluso de casos donde ha aparecido un perro de la raza que ellos acogen y difunden junto a un mestizo, y han recogido al del pedigree para obviar al otro.

Siempre he creído que muchos de nosotros pasamos a formar parte de un refugio como tirita sobre una herida que queremos curar o por frustración personal. También imagino que cuando es el caso terminan por abandonar esto una vez cicatrizada la herida.

Ser voluntario es satisfactorio en muy contadas ocasiones, el sentimiento más frecuente es la impotencia y la sensación de soledad e incomprensión. ¡Qué tristeza ver que esto no acaba nunca pero que felicidad al ver a uno adoptado y feliz!

Sí, era mucho más feliz antes de ser consciente de la realidad del abandono y maltrato animal pero me resulta imposible dejar de intentarlo.

 

Jessica S,lasi

El Refugio-Escuela Sofía 

Foto de DogsBcn dogsbcn@gmail.com

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