La playa de perros ya es patrimonio de Barcelona

La playa de perros de Barcelona ya no es una prueba piloto: es patrimonio de la ciudad. La valoración que el Ayuntamiento de Barcelona ha hecho de los 90 días de playa para perros es muy buena, por lo que propondrá al resto de formaciones del Ayuntamiento que la experiencia continúe. Nada hace pensar, teniendo todos los informes favorables, que la propuesta no salga adelante.

Este espacio, que recibió más de 13.000 perros desde el pasado 19 de julio hasta el 25 de septiembre, ocupa 1.250 metros cuadrados de la playa de Levante (la que limita con la explanada del Fórum). Todos los controles que se han hecho desde la Agencia de Salud Pública han sido positivos, salvo algunas pequeñas alteraciones que se han detectado en la arena, según reconoce el comisionado de Ecología del Ayuntamiento de Barcelona, Frederic Ximeno. Aún así, se trata de unas alteraciones «asumibles», según Ximeno.

En total se han realizado cerca de 300 controles entre la arena y el agua y las conclusiones son que el agua ni siquiera ha notado la presencia de perros y que, en cuanto la arena, sólo se ha detectado alguna modificación dentro del espacio donde juegan los perros. Sea como sea, se trata de alteraciones muy leves, fáciles de solucionar, según fuentes municipales. Los controles en el resto de la playa, fuera del cercado, demuestran que no hay ninguna alteración. Este dato es fundamental ya que desmonta el argumento de los principales opositores del proyecto que temían que la presencia de perros en un rincón de la playa pudiera afectar toda la arena.

El Ayuntamiento no se plantea abrir ahora un huevo espacio a los perros en otra playa, pero no descarta ampliar el actual, tal como piden diferentes entidades. En Cataluña hay muchas otras playas donde también se puede ir con el perro.

El éxito de la prueba piloto demuestra una vez más, que los miedos que se generan cada vez que los perros ganan un espacio, son infundados. Lo mismo ocurrió en el caso del metro: el Ayuntamiento no permitió que los perros pudieran usar el metro hasta después de muchos años de insistencia y, la realidad, demostró que no pasaba nada. Los perros y los viajeros del metro conviven sin problema, al igual que los bañistas conviven con el mejor amigo del hombre en la playa de Levante.

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