«Pero Treski ¿qué te pasa?»

«Cada vez que entro en la habitación y te descubro tumbado en un rincón y con los ojos cerrados, me da un vuelco el corazón»

Ya hace mucho tiempo que nos conocemos, de hecho, hace 15 años que somos inseparables. Hemos vivido en diferentes ciudades y países, hemos viajado en coche, tren, barco, piragua e, incluso en una ocasión, cuando eras pequeño, fuimos juntos en moto, aunque este es un secreto que mejor que ni la Guardia Urbana ni mi madre descubran. En 15 años hemos hecho muchas cosas juntos y nos conocemos perfectamente el uno al otro. Todavía no sé cómo, pero eres capaz de detectar, por la forma en como me visto, si me estoy preparando para que vayamos juntos a dar una vuelta o si saldré de casa sin ti para ir al trabajo o a comprar.

Yo también he aprendido a descifrar tus movimientos y ladridos. Por la forma como ladras, sé si me estás avisando de que quieres salir al patio o si te falta agua o si me estás pidiendo que vayamos a dar una vuelta. También sé distinguir cuando has hecho una trastada y me miras con la cabeza baja, con cierta desconfianza, intentando averiguar si ya he descubierto tu ataque indiscriminado a la basura.

En 15 años hemos aprendido a entendernos como si habláramos la misma lengua. Es por eso que ahora me siento indefenso cuando veo que quieres estar todo el día solo. No lo comprendo. Siempre habías preferido estar a mi lado al precio que fuera, aunque esto te obligara a prescindir de tu confortable cama. Hasta ahora, preferías estar a mi lado tumbado en el suelo, incómodo y a menudo soportando demasiado ruido, que tu apacible soledad. Por eso ahora no entiendo que quieras estar solo. Cada vez que entro en la habitación y te descubro tumbado en un rincón, aislado de la familia y con los ojos cerrados, me da un vuelco el corazón. Me agacho y te acaricio suavemente hasta que poco a poco, sin prisa ni sorpresa, abres los ojos para observarme con tu mirada cansada. Entonces te acaricio donde tanto te gusta, debajo de la garganta y al lado de las orejas y te pregunto con un hilo de voz: «Pero Treski ¿qué te pasa?».

Jordi Mumbrú, director de Animalados

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