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«Pero Treski ¿qué te pasa?»

«Cada vez que entro en la habitación y te descubro tumbado en un rincón y con los ojos cerrados, me da un vuelco el corazón»

Ya hace mucho tiempo que nos conocemos, de hecho, hace 15 años que somos inseparables. Hemos vivido en diferentes ciudades y países, hemos viajado en coche, tren, barco, piragua e, incluso en una ocasión, cuando eras pequeño, fuimos juntos en moto, aunque este es un secreto que mejor que ni la Guardia Urbana ni mi madre descubran. En 15 años hemos hecho muchas cosas juntos y nos conocemos perfectamente el uno al otro. Todavía no sé cómo, pero eres capaz de detectar, por la forma en como me visto, si me estoy preparando para que vayamos juntos a dar una vuelta o si saldré de casa sin ti para ir al trabajo o a comprar.

Yo también he aprendido a descifrar tus movimientos y ladridos. Por la forma como ladras, sé si me estás avisando de que quieres salir al patio o si te falta agua o si me estás pidiendo que vayamos a dar una vuelta. También sé distinguir cuando has hecho una trastada y me miras con la cabeza baja, con cierta desconfianza, intentando averiguar si ya he descubierto tu ataque indiscriminado a la basura.

En 15 años hemos aprendido a entendernos como si habláramos la misma lengua. Es por eso que ahora me siento indefenso cuando veo que quieres estar todo el día solo. No lo comprendo. Siempre habías preferido estar a mi lado al precio que fuera, aunque esto te obligara a prescindir de tu confortable cama. Hasta ahora, preferías estar a mi lado tumbado en el suelo, incómodo y a menudo soportando demasiado ruido, que tu apacible soledad. Por eso ahora no entiendo que quieras estar solo. Cada vez que entro en la habitación y te descubro tumbado en un rincón, aislado de la familia y con los ojos cerrados, me da un vuelco el corazón. Me agacho y te acaricio suavemente hasta que poco a poco, sin prisa ni sorpresa, abres los ojos para observarme con tu mirada cansada. Entonces te acaricio donde tanto te gusta, debajo de la garganta y al lado de las orejas y te pregunto con un hilo de voz: «Pero Treski ¿qué te pasa?».

Jordi Mumbrú, director de Animalados

“El único defecto que tienen los perros que llevan mucho tiempo en una perrera es, simplemente, que no se ven”

 

Marta Calcerrada es bióloga ambiental, antrozoóloga, educadora canina y cofundadora de 21Hogares. Su interés radica en saber por qué hay animales que resultan invisibles. “Con el apoyo y las medidas adecuadas no habría perros de larga estancia en las protectoras: todos podrían disfrutar de un hogar”. Recientemente presentó en Bratislava, capital eslovena, su investigación en un congreso internacional de etología veterinaria.

 

Los perros denominados de larga estancia, también conocidos como invisibles, de “difícil adopción”, no adoptables, especiales, veteranos, etc., son aquellos que por su edad, condición física, problemas de comportamiento (derivados de situaciones de maltrato o falta de cuidados), o raza, tardan mucho en encontrar una familia y se convierten en invisibles a ojos de todo el mundo. Son estos mismos animales los que muchas veces no encuentran una familia y mueren en los mismos refugios. ¿Realmente vivir toda la vida en una jaula es una vida digna? La solución a esta pregunta no debería ser el sacrifico, sino intentar incrementar el esfuerzo de todos para que encuentren un hogar.

Como resultado de mi investigación para el posgrado en Antrozoología es que los colectivos más interesados para adoptar un perro menos “popular” son las mujeres, las personas sin hijos menores de edad, las que viven solas y las que viven en ambientes rurales. Las limitaciones que las personas han puesto para adoptar un perro de larga estancia son sobre todo, no poder asumir, por tiempo o economía, la situación del animal. Los adoptantes motivados aumentarían si se implementasen ayudas en la adopción que cubriesen total o parcialmente los gastos veterinarios, de mantenimiento y la propia tasa de acogida u adopción. La terapia comportamental si fuese necesaria también se valora de manera muy positiva.

Las medidas que propongo para reducir al máximo los índices de individuos de larga estancia serían, principalmente:

Marta Calcerrada

-Mejorar el enriquecimiento ambiental en las jaulas: da más posibilidades de interacción con el perro y las conductas derivadas del estrés pueden verse reducidas. También ejercen un estímulo estético positivo.

-Implementar programas de educación básica o rehabilitación: en la medida de lo posible, para ayudar a mejorar el comportamiento de aquellos animales que lo necesitan, de cara a una adopción. Esto también aumenta el contacto social entre ellos y con los voluntarios y adoptantes. Debemos pensar que el comportamiento del animal lo hace más atractivo que su propio físico

Aumentar las sesiones de “contacto humano-animal”, tanto por voluntarios como familias: Está demostrado que el contacto social con humanos es una necesidad vital por los perros, reduciendo así el estrés y mejorando su estado y comportamiento. También se ha visto que el proceso de adopción que empieza con estas sesiones suele hacerse más estable para el animal. ¿No estaría bien poder entrar a leer, acariciar, cepillar, simplemente “estar” con el animal y hacerse amigos, en la jaula? Ésto solo es posible si tiene una jaula en condiciones. 

Charlas de formación y concienciación a diferentes colectivos: para difundir y sensibilizar sobre el tema, así como formación básica de las enfermedades crónicas caninas más frecuentes, como la Leishmaniosis, para desmitificarlas y aclarar que se puede convivir perfectamente con el tratamiento adecuado.

-Tener personal específico para gestionar las adopciones: una muy buena opción sería que existiese esta figura que realizara exclusivamente difusión de los casos, diferenciándolo de los cuidadores del refugio y creando una buena comunicación entre todos. Siempre hay que pensar en campañas de ayuda económica o asistencial a adoptantes que decidan acoger indefinidamente un animal de larga estancia.

Desarrollar medidas económicas específicas para cada adopción: La idea sería en mostrar al adoptante (después de ver su perfil y decidir si es válido) aquellos animales que lo tienen más difícil, y ofrecer ayudas adaptadas según el caso del animal. Para poder obtener estas ayudas se debería ampliar el espectro de convenios con educadores caninos, etólogos, clínicas veterinarias, farmacéuticas o laboratorios que pudiesen ofrecer mejores precios para estos adoptantes.

Resumiendo, se trata de poner todas los esfuerzos para hacer que los perros de larga estancia sean más visibles, gestionar todas las adopciones que se puedan y crear programas a nivel individual, además de trabajar con la población para mejorar la concienciación sobre el abandono, la adopción y la tenencia responsable. 

Marta Calcerrada