Atrévete a conocer

 

Elefantes, leones, caballos, peces, aves, hasta dinosaurios son los protagonistas de la mayoría de las habitaciones infantiles. Cuando los padres esperan a su hijo o hija, en aquellos momentos de máxima ilusión, llenan de animales la futura estancia de los pequeños. Animales que, con casi total seguridad, sus hijos no llegarán a ver nunca en su propio hábitat o que directamente ya no existirán.

Carl Safina hacía esta misma reflexión en la presentación de su libro Más allá de las palabras en el CCCB, “a los seres que más queremos les recibimos con un mundo lleno de animales.”

Pero, ¿qué sentido tiene, entonces, toda esta decoración para aquellos que pasamos el 99% de nuestras vidas pisando asfalto? Respondiendo con las palabras del filósofo Jesús Mosterín “porque todavía no nos hemos adaptado a la vida en la ciudad y yo añado, porque esta vida, con su rutina de gris cemento no nos parece un lugar donde vivir con nuestros seres queridos.

Atlas de los Animales

La necesidad de reconectar, de volver, de invocar a la naturaleza es tan potente todavía en nosotros, homo sapiens urbis, que intentamos, al menos, rodearnos de sus espectros, sus imágenes, sus símbolos.

Desde Babilonia hasta hoy seguimos protegiendo lo que más queremos con leones, ¿pero quién protege al león? Deberán ser justamente estas nuevas generaciones.

“Protegemos lo que amamos” decía Jacques Cousteau, “amamos lo que conocemos” añadíamos hace poco en Animalados.

Debemos entonces seguir conociendo. Conociéndonos.

Es por este motivo que dos libros infantiles nos acompañan hoy en nuestra sección: El Atlas de los animales para colorear y Este pollo es un tiranosaurio.

Al pálido mundo se le combate con colores. Puede parecer un acto simple y sin más repercusión que el puro ocio, pero ¿acaso no recordamos nuestros días de infancia, cuando sólo con un lápiz de color inventábamos nuevos mundos o viajábamos a países extraños poblados de animales fantásticos?

Cuando hacíamos todo esto lo hacíamos con el corazón.

Mientras nuestros pequeños y pequeñas colorean al lobo, al elefante, a la vaca, al ciervo, entienden que estos animales existen y tienen un hogar. Los conocen. Los quieren. Y en esta presentación a todo color aprenden que este planeta es hogar de todos.

Los preciosos animales de este atlas no se incluyen en ninguna receta, no son tela para ningún abrigo, no están encerrados en jaulas o acuarios. Son ellos en sus espacios.

Y si la primera obra alude al dónde, en el segundo caso, Este pollo es un tiranosaurio, se centra en el quién, y lo hace desde un punto de vista realmente importante para los niños: el quién es mutable, no es estático. Somos el fruto de la evolución. Hijos de los hijos de unos primeros seres que en nada se parecían a lo que hoy, de momento, somos.

Este pollo es un tiranosaurio

Comprender que tú también tienes parte de otro ser, que nunca has dejado de ser el otro es fundamental para mantener viva la empatía.

Las aves son las sucesoras de algunos dinosaurios; los caballos, los hipopótamos y los tapires están emparentados; los cocodrilos son de las especies, como el tiburón, más antiguas del planeta.

Este pollo es un tiranosaurio aprovecha la pasión que genera nuestra curiosidad y nos muestra un mundo de conexiones. Hibridando datos científicos y anécdoticos transmite al pequeño algo fundamental: la duda, la pregunta. ¿Cómo es el mundo? ¿Quiénes son los otros seres?¿Qué soy yo?

Sapere aude, atrévete a conocer. ¿Y qué mejor puerto para partir hacia la aventura que un libro?

 

Sílvia Esteve

Este pollo es un tiranosaurio, ilustraciones de Román García Mora 

El Atlas de los animales para colorear, ilustraciones de Giulia Lombardo

Ambos editados por VVkids

Eppur si muove

 

“Observa atentamente la naturaleza y entonces lo comprenderás todo mejor” Albert Einstein

 

El 99,5% de seres vivos en el planeta son plantas, llevan en la tierra desde casi sus inicios y sin ellas no sería posible nuestra existencia.

Ni nuestra poesía, ni nuestros cálculos, ni nuestros dioses dan vida y la sostienen como ellas lo hacen. Y, sin embargo, las consideramos seres simples, casi inertes, carentes de inteligencia. Nada más lejos de la realidad.

Stefano Mancuso, neurobiólogo experto en el mundo vegetal, las rescata de su olvido y menosprecio tanto científico como social y vuelve a situar a estos maravillosos seres en el lugar que les corresponde.

Tendemos a ignorar y menospreciar lo que no entendemos, lo que es diferente a nosotros. Las plantas no se mueven, no se comunican, no sienten… Decimos y pensamos.

Nuestras máximas ignorantes sólo sirven para volver a colocar al ser humano, no como la especie más perfeccionada, sino como la más prepotente.

” Bienaventurado el que vuela sobre la vida y comprende sin esfuerzo el lenguaje de las flores y de las cosas mudas” decía Baudelaire en sus Flores del Mal. No hay seres más evolucionados que otros. No es una competición. La vida se adapta, como nos explicó Darwin, y el éxito de las formas de vida yace en la mejor adaptación. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas de una manera efectiva.

Recordando esto, volvamos ahora al dato aportado en el inicio del texto: el 99,5% de seres del planeta son plantas. Y ellas han sobrevivido creando, no destruyendo.

En las dos obras que hoy nos ocupan, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal y El futuro es vegetal, Mancuso nos explica la compleja realidad de estos seres. Las plantas no están sólo dotadas con los mismos cinco sentidos que nosotros, sino que cuentan con quince más. Son seres capaces de comunicarse entre ellos y con las otras especies, hasta pueden llegar a controlar el comportamiento de otros animales.

Al leer la obra de Mancuso uno queda maravillado, pero no sólo eso sino que nos sentimos también indignados al saber que todo este conocimiento no es actual. Grandes científicos como Darwin, Linneo o Goethe ya nos dejaron por escrito que las plantas son seres complejos y sorprendentes.

De hecho el experimento que demostraba la capacidad de las hojas de varias especies para captar imágenes fue realizado por Gottlieb Haberlandt en 1905. Lo que podría explicar la capacidad de la Boquila Trifoliata de imitar las formas de las hojas de otras plantas.

En otros estudios recientes también se ha podido ver como algunas acacias administran, vía el néctar, una sustancia que engancha y controla a las hormigas para que hagan de “guardianas” de su planta. La dosis de esta sustancia es regulada por la acacia según necesite más acción de las hormigas o menos.

Mancuso nos va dejando sin palabras a medida avanzamos en las lecturas. Ambos libros deben ser leídos conjuntamente, pues están íntimamente ligados.

En El futuro es vegetal, tal y como ya nos avanza el título, veremos como el equipo del científico italiano está ahora investigando cómo aprovechar esta sabiduría de las plantas para mejorar nuestro deteriorado mundo.

Desde la construcción de prototipos robóticos que imitan las raíces de las plantas y que servirán para evaluar los suelos de otros planetas, hasta el proyecto de la Jellyfish Barge, un huerto flotante que no necesita agua de riego ni energía externa, que no sea el sol, para cultivar plantas comestibles.

Eppur si muove. Gracias a la recuperación de estudios antiguos y a las nuevas investigaciones otra revolución científica está a punto de canviar nuestra manera de ver el mundo vegetal.

Lo que nos debe llevar, no a un puro aprovechamiento de ese conocimiento, sino a la comprensión de que somos solo una pequeña parte de este planeta. Y de ningún modo la más perfecta.

 

Sílvia Esteve

Ambas ediciones de Galaxia Gutenberg

desÀrtic: art contra el canvi climàtic

 

 

“L’únic que impedeix a Déu d’enviar un segon diluvi és que el primer va ser inútil” Nicolau de Chamfort

 

“Les pitjors previsions apunten que el 2025 pugui haver estius sense gel a l’Àrtic” apunta Pilar Marcos de Greenpeace a la presentació de desÀrtic, l’exposició que han organitzat conjuntament amb siNestèSia i el Centre Cívic Sagrada Família.

¿L’Àrtic sense gel? Si, l’àrtic sense gel, i sense les vides que a ell van lligades.

Descongelar-nos. Descongelar els nostres cors, desgebrar la nostra mirada. Aquesta és la intenció de la mostra artística desÀrtic. Comissariada per Montse Pérez, creadora de l’espai d’art siNestèSia i comissària també de la mostra solidària contra el maltractament animal El Venadito, desÀrtic ha unit a 60 artistes que amb les seves obres denuncien i evidencien la situació del pol nord. El 20% de cada venda anirà a l’ong ecologista.

En petits rectangles de 15x15cm cada artista ha dipositat el seu missatge de SOS. Si el vaixell de l’àrtics’enfonsa, ens enfonsem tots. Com ens comenta Montse Pérez “buscava realitzar una mostra molt homogènia, amb obres que compartissin mida i temàtica, per poder partir de la idea que l’Àrtic som tots”.

L’Àrtic som tots. No és “de” tots. Cal eliminar la propietat. No ens pertany, ni ens serveix. Som una espècie més del planeta. El nostre egoisme, les nostres ànsies de possessió només fan que contribuir a la seva mort i degeneració.

Gemma Labayen ens ho explica perfectament en la seva obra Aprofita el desglaç. Una de les grans misèries de l’espècie humana és que li posa preu a tot. Tot es ven. Fins i tot la destrucció. Si comencéssim a viure la vida i no a posseir-la, encara tindríem la companyia de moltes de les espècies a les que hem aniquilat.

Espècies. Allà, en la distància. Les paraules poden construir murs molt alts. Si pensem en l’espècie de la guineu polar, ens quedar lluny, molt lluny. Les taxonomies, les classificacions, ens van ajudar a ordenar el món, però no a empatitzar amb ell. Jo humà et dono nom, i en aquest nomenar ens atribuïm en certa manera la seva creació. El problema és que en la nostra particular “creació del món” en el setè dia no descansem i admirem allò creat, en el setè dia comencem a destruir-lo. A destruir-nos.

“El mal guanya quan els bons no fan res” va dir Edmund Burke. Fem doncs, seguim fent, alguna cosa.

Més de 8 milions de persones han signat ja el manifest de Greenpeace per salvar l’Àrtic, petrolieres com Shell han abandonat les seves prospeccions, i s’han creat moratòries de pesca. Però l’Àrtic segueix en perill. Moltes altres empreses planegen la seva explotació. És hora de declarar l’Àrtic zona protegida.

Bon Nadal de Iribú, ens encara amb aquest ós polar, que recull entre les seves dents una postal. Un gran ós que fa equilibris en el petit tros de gel que li queda. Els hem deixat les sobres del planeta. El que queda. Obligant a animals tan majestuosos com els óssos a pidolar menjar.

I això sense gairebé posar un peu a les seves terres. L’aniquilació d’aquest ecosistema està sent en gran part a distància. El meu dia a dia, i el teu, contribueixen a la seva desaparició. El nostre consum els consumeix.

Al fons de la sala, el vídeo de Ludovico Einaudi ens acompanya en la visita. El músic navega amb el seu piano per les aigües de l’Àrtic, posant banda sonora al desglaç. A un final anunciat. Si no vols que la seva música sigui un rèquiem per l’Àrtic, actua. Descongela’t, per congelar-ho de nou.

 

Sílvia Esteve

Gatetes al poder: arriba la 6a edició del We Love Cats Market

 

L’any 2012 la Vanessa Carrasquilla i la Muntsa Casas van crear El We Love Cats Market amb la intenció d’ajudar els gats abandonats de Barcelona. De formació periodística, tant la Vanessa com la Muntsa compartien dos amors: els gatetes i l’artesania, així que van decidir fundar aquest mercat benèfic anual de creadors artesans locals. “Des d’aleshores, hem donat ja prop de 8.000€ a les entitats que cuiden i vetllen per la seguretat d’aquests animals”, comenten les dues organitzadores. Les associacions afortunades han estat: El Jardinet dels Gats, UB Gats, Universigats, Gats de Gràcia i Gats lliures del Poblenou. L’entitat escollida aquesta edició és Rescat.

Per tal de poder recaptar diners per l’entitat gatera i alhora pagar les despeses d’organització, cada artesà paga una quota de participació de 130€. També es fa una rifa solidària en la que es sortegen alguns dels productes de la mostra. A més la bossa oficial del mercat está a la venta per 5€ i aquest any ha estat dissenyada per l’artista Dianayr.

Els beneficis de les ventes de les diferents paradetes són pels artesans i cal destacar que l’organització no té beneficis econòmics.

La llista dels artesans de l’edició 2017 és molt llarga i variada. Al mercat podem comprar roba, joieria, pintura, joguines, inclòs hi podem dinar i berenar. Us deixem l’enllaç per tal que pogueu mirar quins creadors podreu trobar i així anar fent boca del que veureu el cap de setmana: artesans

Com a novetat d’aquesta 6a edició, el mercat comptarà amb un stand del CAACB on es podrà demanar informació sobre els gats que estan al refugi esperant ser adoptats o que cerquen cases d’acollida.

 

 

Sílvia Esteve

“El hombre es el animal más peligroso”

“Nunca podremos preservar todas las cosas buenas de la humanidad sin proteger también las cosas buenas pero no humanas: lo salvaje.” H.D. Thoreau

 

Nos encontramos con Tippi Degré después del visionado del documental El viaje de Unai proyectado en CosmoCaixa en motivo del Festival de Cine de Medio Ambiente. El film nos cuenta la preciosa experiencia que viven Unai, un niño de 9 años, y su familia al recorrer el mundo fotografiando animales.
Tippi, la responsable del Petit FICMA y cuya infancia transcurrió en Namibia, rodeada de naturaleza, se emociona al ver estas imágenes. La hacen regresar al lado de Abu, su amigo elefante, J&B ,el leopardo, y sus otros compañeros de aventuras. Y es que Tippi no sólo lleva África en el corazón, sino en su propio nombre. “Okanti” su segundo apelativo significa mangosta.
Ella no tenía una granja en África, como Isaak Dinesen, pero tuvo algo más importante: su infancia.

 

 Despues de ver la peli de Unai, ¿cómo te sientes?

 Me he enamorado del niño (ríe). Me he emocionado mucho, sobre todo viendo la relación que tiene con su hermana y la armonía que desprendía la familia, fuera el lugar que fuera en el que se encontrasen. Creo que Unai es un espíritu libre, como yo.

Yo era hija única, no pude compartir con otro hermano lo vivido. Al ver estas imágenes siento nostalgia. Sobre todo al recordar a mi padre, al que perdí en agosto.

El documental de Unai me da esperanza, al ver que otros niños disfrutan lo mismo que yo disfruté al conocer este tipo de vida. No soy la única: con él hay otro ejemplo a mostrar.

En el caso de Unai, vemos como él parte de occidente para ir a conocer otros países, culturas… De la “ciudad” hacia lo “salvaje”. En tu caso es diferente, naciste en Namibia, rodeada de naturaleza y a los 10 años os trasladasteis a París…

El caso de Unai nos permite ver lo fácil que es para los niños adaptarse a la vida real, no existir por existir, sino vivir realmente la vida. Si hay amor, puedes hacerlo todo. La vida que ellos viven durante el viaje es como deberíamos vivir, la vida normal que deberíamos tener. Lo contrario es lo que no es normal.

Mi esperanza es que las futuras generaciones no deban escoger una cosa o la otra, sino que puedan conocer ambas, vivir ambas, amar ambas.

Quizá no deberíamos hablar de “cambiar” el mundo sino transformarlo, adaptarlo. Que pudieras combinar ambos mundos. No todo lo que nos ofrecen las ciudades es malo. Espero que se desarrolle el conocimiento suficiente para hacer compatibles ambas realidades en nuestro día a día. La ciudad nos aporta encuentros maravillosos entre los humanos y la naturaleza te hace ser quien realmente eres, aportándote paz y sabiduría.

Deberíamos ser una generación híbrida.

¿Cómo lo has hecho tú? ¿Cómo ha sido tu adaptación?

He luchado y sufrido mucho. Tampoco tuve elección. Volver ahora a tener ese tipo de vida libre sería un lujo, así que no he tenido más remedio que adaptarme a mis actuales circunstancias . Tenía que estudiar y empezar mi vida “normal” de adolescente.

Podría haber tenido esa vida ahí mismo, pero al separarse mis padres todo cambió. Así que no tuve otra opción. Si la hubiese tenido quizá me hubiera quedado allí.

Por otro lado estoy orgullosa de haber entendido los dos mundos y de poder tener esa visión más abierta y en modo “zoom out” de la situación. Agradecida también de haber podido tener esta vida y conocer todo lo que he conocido.

Debemos entender que no estamos solos y debemos dejar espacio para los otros: humanos, animales, plantas… todos los seres vivos y las criaturas del cosmos. Debemos convivir unidos.

A mi modo de verte, creo que eres como una embajadora de la naturaleza, de lo que queda de ella, pero que esta posición te ha convertido en parte en prisionera… Tienes ganas de volver a tener esa vida, pero sabes que aquí puedes defender mejor el mundo natural, tienes un objetivo…

Si ahora decidiese volver a Namibia yo sola, no serviría de mucho. Prefiero utilizar esa niña que fui y lo que viví para defender aquello que es más grande que yo. El objetivo es más importante que yo misma.

Mi intención es sensibilizar, ser parte de algo más grande. Crear mi propia fundación. Y transmitir este amor por la vida en general. Ir más allá. Más allá de la rabia y la pena, y sacar provecho de lo que aprendí.

Sí que es verdad que a veces sientes rabia y frustración, pero debes confiar y seguir luchando y creer que los humanos podemos cambiar, evolucionar. Aunque sepas que ese cambio puede llegar cuando tú ya no estés.

Todos tenemos un propósito que nos hace diferentes de los demás. Puedes hacer grandes cosas desde tus pequeñas acciones, siendo sincero y siendo tú mismo.

Hablando de comunicar… ¿Cómo lo hiciste para aprender a “comunicarte” con los niños de tu edad cuando volviste a París? Estabas acostumbrada a otro tipo de comunicación mucho más directa y sincera, con tu familia y tus animales…

Me sentí como una extraterrestre, pero como soy muy sociable lo manejé. Aunque había muchas cosas que no entendía, sobre todo la maldad de la gente. La poca coherencia de la personas. Supongo que es lo mismo para todos en el fondo, cuando cambiamos de ambiente.

Debes aprender a fiarte de tu instinto y también entender que no todo es blanco o negro. Lo importante es poder encontrar tu lugar en el mundo. Yo sufrí, y sufro mucho, porque no encontraba donde pertenecía o qué quería.

Dejas Namibia a los 10 años. Perdiste tu hogar y tu infancia en el mismo momento…

 No tuve tiempo de decir adiós. Todo fue demasiado rápido. No tuve mi tiempo de duelo por esa vida perdida. De hecho no he vuelto a sentir esa conexión que tuve con la naturaleza.

En ese momento perdí mi vida, no sabía quien era, no me ubicaba. Los otros niños no podían comprender bien mi situación, así que fui yo la que se adaptó. Cuando te enfrentas a tu lado más oscuro, a tus miedos, es cuando mejor puedes conocerte y saber también qué quieres hacer o qué no quieres hacer, lo que es realmente más fácil. Tambien sentir, ya no geográficamente sino más espiritualmente donde perteneces.

Cuando eres niño sigues tu instinto, vives el presente. Al crecer y mirar hacia atrás, al ser consciente de tu pasado, luchas contra tus miedos. Lo que viví fue un sueño, un sueño que terminó y nunca podré volver a vivirlo. Aunque volviera, yo soy diferente, el país es diferente, todo ha cambiado.

Pero volviste…

Si, unos años más tarde. Por trabajo. Pero no fue lo mismo. Quiero volver pero todavía no es el momento. Incluso te diría que tendría que ser un viaje que realizara sola.

Durante muchos años fui una persona muy negativa. De hecho, corté toda relación con la naturaleza, probablemente para evitarme el dolor, no podía encontrar el término medio, aunque estuviera en el campo.

Tenías un vínculo de amistad con tus animales. Estas relaciones eran únicas. No era sólo no estar con animales sino que perdiste a tus amigos…

Si, la relación con ellos es lo que perdí. Aunque he podido aprender a ver lo interesante en todas las especies. Una vaca no es menos interesante que un león, cada uno tiene su propia personalidad. Pero sí es verdad que ese tipo de relación que tuve con ellos no se ha vuelto a repetir. Es como con los humanos: puedes conocer muchos pero solo tener unos pocos amigos.

Ahora vivo en un apartamento en París, donde convivo con mis periquitos, aunque no me siento orgullosa de tenerlos en jaulas. Me encantaría convivir con un perro pero es muy difícil en mi ciudad. Si tengo la ocasión me encantaría residir en Barcelona, es una ciudad que me encanta y en la que me siento segura y cómoda. Creo que tiene cosas que me gustan mucho más que Francia. Sois mucho más empáticos, amables, sociables.

Hablando de ciudades, supongo que cuando regresaste de África a París, debiste sentirte como cuando un parisino va a África, ¿no? En el sentido en que lo que nosotros vemos peligroso para ti era lo normal…

(Ríe) Sí, totalmente, como cuando los aborígenes pisan la ciudad que dicen: “¡Estáis todos locos”! Ves los árboles metidos en cemento y piensas “¿qué es esto?”

¿Y a nivel higiénico?

La ciudad me parece muy sucia, soy muy maniática con los olores. Me encanta poder oler y en las ciudades esta posibilidad no existe. Quieres oir pájaros… Echo de menos ver el cielo… Me siento atrapada en el apartamento. Las calles me parecen tan estrechas… Debería ir más a los parques pero no hay tantos como aquí. De hecho, como te contaba, me encantaría vivir con un perro en mi ciudad pero, ¡¡¡están prohibidos en todas partes!!!

¿Cómo llevas la concepción del tiempo europea? El estar pendiente de unos horarios, de una agenda…

Me paso el día estresada. No por vivir en París, que ya es mi ciudad, sino más por el ritmo de vida. Me cansa y no es bueno para la mente. Algunas veces me rebelo. También me agota el hecho de tener que estar pendiente de estar bien con la gente. Soy muy sensible y me he sentido muy angustiada por intentar estar bien con todo el mundo. Cuando tienes este nivel de empatía es difícil lidiar con el resto de humanos. Pero debes aprender a moverte entre ellos, entre las personas peligrosas, como hice en mi tierra natal con los animales.

Tampoco creo que haya personas malvadas de nacimiento, es el miedo y el sufrimiento lo que las transforma. Estoy aprendiendo todavía a conocer al ser humano. Procuro no juzgar rápidamente y ver que no siempre tengo razón y que puede ser que me equivoque y sea yo la que deba rectificar.

La vida es esto, aprender, moverse, descubrir, equivocarse. He vivido muchas cosas en muy poco tiempo. A veces tengo la impresión de haberlo vivido todo, pero no es así.

Quizás ahora estamos aprendiendo, descubriendo en cierta manera, que los seres humanos no somos el centro del mundo, que somos un todo y no hay figuras más importantes que otras…

Correcto, estamos aprendiendo a tener en cuenta a todos los demás.

El Petit FICMA te permite estar en contacto con el mundo de los niños…

Sí, es muy especial. Los niños lo ponen todo al mismo nivel, no hay diferencias entre ellos y los animales, no hay superiores ni inferiores. Son más espontáneos, sinceros. Cuando creces, todo cambia: chocas con tu ego y los otros egos.

Los animales esto no lo tienen, pueden ser agresivos pero no malvados. En ellos puedes confiar, a diferencia de los humanos. Lo que al mismo tiempo te transforma a ti mismo, tienes miedo, quieres controlarlo todo.

Lo bueno de Petit FICMA es que es una actividad familiar, nos acercamos a los niños y a sus padres. Es un cambio que viven conjuntamente, desde el corazón.

¿Para ti es el humano la especie animal más difícil de conocer y de tratar?

 (Ríe) ¡Sí, es la más peligrosa! El ser humano es una especie con mucho miedo y eso le lleva a tener conductas muy peligrosas.

¿Cómo comunicas el amor hacia los animales? Sobre todo cuando intentamos visualizar los maltratos más comunes, como los que sufren los animales destinados al consumo…

Procuro no señalar a nadie. Intento ponerme en su piel y entender por qué están actuando como lo están haciendo. La mayoría de las veces suele ser falta de información. Así que nosotros, como mis compañeros de FICMA, debemos ser los mensajeros, los que transmitimos y enseñamos las realidades que desconocen otros.

El mensaje es importante pero lo que debemos intentar es que cale, llegue y se quede. La clave está en cómo transmitimos este mensaje para que perdure.

¿Cuáles son tus proyectos ahora?

Participo en diferentes asociaciones, según voy conociendo a gente y vamos trabajando juntos. Junto a otros compañeros he fundado AWA Animals, un proyecto educativo que pretende, vía las imágenes, concienciar sobre la sostenibilidad de nuestro planeta. También soy miembor de TAAC (The Animal Alliance Channel).

Estudié Cine y Audiovisuales, donde me especialicé en la parte técnica y luego he realizado más formaciones en diseño web. Creo que la clave de la comunicación se encuentra hoy en comunicar bien desde internet. Espero poder realizar documentales, pero todavía estoy preparándome. También quiero crear mi propia fundación. Debo encontrar mi momento y mis fuerzas. Es todo un proceso.

Mi vida de niña fue un regalo precioso y creo que de alguna manera el sufrimiento de perderla ha sido el precio a pagar por haberla vivido. Debo superar esa etapa y ver que el regalo que me hicieron mis padres lo puedo utilizar a mi favor para crear algo más grande.

Es el mensaje lo que quiero transmitir, no vender mi vida ni mi imagen. Lo que ellos me dieron, ese pasado en África, es lo que quiero utilizar para construir mi futuro. No me interesa que me conozcan a mí, sino lo que quiero explicar. Sólo así podré ayudar a crear ese futuro que una y respete ambos mundos.

 

Sílvia Esteve